Dolores
Me duele el mundo. Me duelen las carreteras.
Me duelen las puertas mal cerradas. Me duelen los atascos.
Y los ruidos. Me duelen todos los ruidos. Sobre todo me duelen los ruidos.
Me duelen los mendigos. Me duelen las calles, el abandono de los mendigos.
Me duele la televisión. Me duelen casi todos los programas. Me duelen los telediarios, las farsas, las comedias sin gracia, los gritos. Me duelen.
Me duele la mentira, la gran mentira me duele. Me duelen las muelas, me duele el alma.
Me duelen los peajes, me duelen los guardias, me duelen las sonrisas inmerecidas, me duele la sobriedad, me duelen los excesos. Me duele el hombre del tiempo.
Me duele la medicación, me duele la falta de medicación.
Me duele sufrir, me duele hacer sufrir. Me duele el dolor, me duele la falta de dolor.
Me duelen las matemáticas y las palabras. Los empujones y las miradas esquivas. Los números pares y los helados tan fríos.
Me duele la primavera y más me duele que pasara de largo. El verano aún no me duele. Me duele que me duela cuando pase de largo, el verano, tan esquivo, como aquellas miradas de soslayo escondidas versos arriba.
Me duele el tren y los viajes. Los viajes lejanos y paradisíacos. También esquivos.
Me duelen las piernas y los empujones de ánimo. Me duele la fatiga y la repetición. Me duele el sabotaje de las olas y las caricias del viento cálido. Me duelen la respiración entrecortada y los secretos a voces. Los silencios cómplices y las llamadas a destiempo. La voz del contestador y las cartas vacías. La publicidad no me duele tanto pero también me hace daño.
Me duelen el tiempo pasado y las horas muertas, el hastío y tanta franqueza, los silbidos y algunos aplausos, los momentos de espera y los finales. Los finales me duelen porque algo se acaba y me duele volver a empezar.
