Elecciones
Redoble de tambores. Todos tranquilos. Me dice la médico que no sufra más, que hay elecciones.
Salgo a la calle y no veo la euforia colectiva. No veo que nadie se alegre de la convocatoria de elecciones. Quizá no seamos tantos los que leemos periódicos. Cada vez se leen menos periódicos. Las noticias y la política no son una preocupación general. La microeconomía sí, la macroeconomía no.
Se va Zapatero y viene Rajoy o Rubalcaba. La conjunción no compensa la disyunción. Perdida la fe en los políticos, queda el paisaje yermo.
Soñamos con una arcadia feliz donde reina el arcoíris, la lluvia de colores y las casas de mantequilla. Soñamos con un mundo ideal sin reuniones de vecinos ni conflictos laborales, sin atascos ni discusiones de pareja, sin hijos rebeldes y padres enfermos. Soñamos tanto que el mundo se hace cuesta arriba.
Ni Rajoy ni Rubalcaba usan bata blanca. Las pastillas que nos recetan acabarán en la papelera. El reciclaje aún no ha llegado a la política.
