Némesis, Philip Roth
La culpa se propaga como la peste. Como la polio. La polio que asoló en EEUU al final de la 2ª Guerra Mundial. Los jóvenes iban al frente a luchar con orgullo y valentía. El protagonista de Némesis, por falta de vista, por usar gafas, se quedó en su pequeña ciudad, triste y cabizbajo, a pesar de ser un gran deportista, un joven atlético, un muchacho ejemplar, con gafas. Se dedicó con ahínco y éxito a cuidar a los niños en un campamento de verano. Y pudo mantener las relaciones iniciadas con su joven prometida. Todo iba externamente bien, en esa Norteamérica trabajadora y disciplinada que día a día creció a lo largo del siglo XX. Pero la suerte, el azar o Dios, no siempre se alía con los más emprendedores. A veces, el destino, las circunstancias o el simple devenir de los hechos, convierten la comedia en tragedia. Unas vidas sanas y jóvenes se ven carcomidas por el paso de los años. Resulta peligroso saber qué fue de nuestros héroes juveniles, resulta desalentador comprobar que quien más admiración nos produjo es quien más lástima nos acaba provocando. Decía Sófocles: no digas de nadie que fue feliz hasta que haya muerto. El antihéroe de esta novela, el joven señor Cantor, es retratado con sencillez y cercanía, con amor por parte de un narrador que ve su auge y caída sin juzgarlo, simplemente lo ve subir y bajar. Caer hasta el fondo de su conciencia, cerrarse en sí mismo y no aceptar los golpes que nos da la vida, no saber levantarse. La culpa del protagonista lo corroe por dentro y por fuera, lo aniquila socialmente y lo margina. Temas tan actuales como la alarma social, la histeria colectiva, la búsqueda de chivos expiatorios, la responsabilidad, el ascenso social, la culpa, el trabajo, la discapacidad, el esfuerzo, son abordados en este magistral libro con tacto y sin prejuicios, cara a cara, con la crudeza que exige afrontar la vida, enfrentarse a la vida. En esta última entrega narrativa, Philip Roth, para muchos el mejor narrador vivo, da lecciones narrativas en cada página, en una novela magistralmente cruel, sincera y descarnada, cómplice, bella por su desnudez, en una obra maestra. El autor de Pastoral americana, El lamento de Portnoy o El animal moribundo, regresa con esta gran obra, de corte clásico, en tres actos, de catarsis griega, redibujando La peste de Camus, entre abedules, juegos de niños y entierros, donde la inocencia no existe, en la que el tonto del pueblo no es el más miedoso, donde la suciedad se codea con el béisbol, los judíos, los italianos, la familia y el calor. Una novela imprescindible.
