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22 Diciembre 2010

Tal vez la lluvia, J. C. Méndez Guédez

 

 

El pasado es una casa con ventanas abiertas. Una habitación donde siempre llueve.  En tal vez la lluvia viajamos con el protagonista de España a Venezuela, de Caracas a Madrid, de la juventud al futuro, de la inconsciencia a la incertidumbre. Abrigados por la lluvia, por la emigración, por el desconcierto de un país cada vez más violento. El regreso a Venezuela le permite al narrador recrear situaciones esperpénticas, divertidas, salvadas del patetismo por su ternura. A un ritmo muy ágil, visitamos las calles de una Caracas hiriente al límite del hundimiento social. Retrato generacional, postal nostálgica de  una juventud que se resiste a alejarse. Tal vez la lluvia, premio de novela corta ciudad de Barbastro, es una lectura agradable, un entretenimiento recomendable. La prosa de Juan Carlos Méndez Guédez salpica poesía y buena literatura, dominio del oficio narrativo. En Tal vez la lluvia comprobamos lo pegajosa que puede ser la amistad, los peligros del pasado. Como atrapados en el tiempo, los personajes de esta novela parecen predestinados a cometer errores, a repetir matrimonios, a sobrevivir. A sobrevivir en un paraíso llamado España que en nada se parece a sus sueños, que más bien resulta una casa destartalada y fría, un espacio hostil donde tal vez la lluvia sea lo más cercano, lo menos agresivo. Inevitable resulta, en un espacio lluvioso y sin paraguas, recordar la melancolía de las novelas de Benedetti; inevitable, en un paisaje de lluvia, mencionar la machadiana monotonía de lluvia tras los cristales. Lejos de la monotonía, Tal vez la lluvia se refugia en escenas hilarantes, en imprevisibles lazos familiares, en bares y calles mojados de carcajadas y sorpresas. Como banda sonora aparecen las bandas de rock de los setenta, pero sobre todo míticas películas como la Casablanca de Bogart. El cine nos acompaña en este viaje agridulce de América a Europa, en un ir y venir por callejuelas que inevitablemente hemos pisoteado en diferentes aventuras y desventuras. Con el telón de fondo de la emigración, el protagonista vuele a Caracas con la excusa de una herencia, una herencia que el régimen venezolano le dificultará su cobró, que le permitirá recrear sus amores fallidos, contarnos unas peripecias entre el vodevil y el drama, siempre cercano a la comedia, al lirismo más sugerente y cómplice. El símbolo de Tal vez la lluvia es un puñetazo, la inestabilidad de los triángulos, de dos amigos y una mujer. Decía Ramón y Cajal que sólo un cabello de mujer puede separar a dos grandes amigos. Tal vez la lluvia nos invita a volar, a naufragar, a pilotar un avión de ilusiones en el que somos pasajeros privilegiados, tal vez los únicos  acompañantes de las azafatas, tal vez sin piloto, tal vez la lluvia.

 

 

 

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Algo debe amarse mientras dure la vida, L. Cernuda. Es preciso embriagarse sin tregua: de vino, de poesía o de virtud, a vuestro gusto. Pero embriagaos, Ch. Baudelaire.

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