La camarera, Markus Orths
Una habitación de hotel nunca está vacía. Cuando te acuestas, cuando compruebas lo poco mullido que está el colchón, cuando oyes chirriar la cama, te olvidas de que debajo se puede ocultar la camarera. De cerca nadie es normal. Una camarera obsesiva y cleptómana, una mirona profesional, una mujer etérea y frágil nos espía velada en su curiosidad, necesitada de afecto, dispuesta a aprender, a aprehender los movimientos ajenos, los pequeños gestos que configuran nuestra cotidianidad. Donde todos ven generalidades, la camarera se queda con los detalles, con las manchas detrás del lavabo, con las motas de polvo que abandonamos tras las pisadas, las huellas que nos persiguen, el somier que se ablanda, los muelles que nos delatan. Si te acercas al otro, puedes encontrar caricias y simpatía, también rechazo e indiferencia. De cerca conoces más al otro, te conoces más a ti. Cuando la camarera le advierte a su madre que no es como ella cree, cuando confiesa sus miedos, cuando se muestra vulnerable, es cuando empieza a descubrirse en el espejo. Sin caer en lo morboso -no demasiado- Markus Orths nos invita a acompañar a la camarera por las sinuosas regiones en las que nada es lo que parece, en las distancias cortas donde el maquillaje es algo accesorio, en un cara a cara donde los silencios son protagonistas. Aunque lo que percibimos no sea lo real, aunque la realidad escape a nuestra percepción, es en nuestra mirada, en la forma que percibimos el mundo cómo nos impregnamos de él. Lugares fronterizos y perturbadores delimitan los peligros que hipnotizan a la camarera, la protagonista de esta novela cercana al mundo de la Nobel austriaca Elfriede Jelinek. Un mundo siniestro y sugerente, un espacio mental habitado por fobias e ilusiones, por deseos de gustar, por la manía de la felicidad. Una novela breve, contagiosa, una historia contemporánea en la que comprobamos que quien más trabaja no es el más equilibrado, donde vemos cómo siguiendo al que nos precede con el carrito en el super podemos hacer la compra semanal, donde descubrimos que la repetición es el gesto más repetido. En un mundo fragmentario que se pretende único, la uniformidad es el rasgo más distintivo. Novela veloz, claustrofóbica, con imágenes turbadoras, pendiente de ser llevada al cine, de alumbrarnos en la oscuridad de una sala en la que poder mirar qué se esconde bajo la butaca. Parecido a sospechar qué aparecerá en la próxima página, a dejarse seducir por la magia de la ficción, a entrar en una novela como La camarera de Markus Orths, pura ficción, pura verdad.
