Conocerás al hombre de tus sueños, Woody Allen
Es triste pensar que vamos en esta dirección. Que la alta sociedad americana es nuestro espejo ideal. Que nos levantamos a diario para algún día dejar de tener problemas económicos de clase media para ser seres inertes y fútiles como los personajes de W. Allen. En la caricatura del presente el futuro no existe. Da miedo el estrés de la gran ciudad. El vértigo de la inanidad. Sólo nos queda la risa, la angustia, la decadencia. El paisaje de W. Allen es poco optimista, es desolador. Hombres desesperados con la viagra en el bolsillo persiguiendo mujeres jóvenes; mujeres desesperadas persiguiendo la felicidad y encontrando la locura. Nos salva el humor: te ríes mucho durante la película. Cuando reflexionas ves lo trágico de la comedia, lo certero de la radiografía social, lo patético que es un mundo civilizado donde los dioses son los medicamentos, el culto al cuerpo, los videntes, la vanidad y la mentira. Decía C. Pavese que el arte de vivir es el arte de saber creerse las mentiras. El escritor de Conocerás al hombre de tus sueños se hubiera atribuido la cita, porque en esta sociedad todo vale. Porque la vida es ruido y furia, un cuento absurdo contado por un idiota que decía Macbeth. El arte busca la belleza y halla la máscara, lo inasible, la sombra que somos. Lo patético del artista es que suple la ética por el ego y confunde la estética con su trasunto. Ayer decía Luisgé Martín en El País/Babelia : los escritores no somos muy diferentes de esos obispos que, después de haber manoseado a un niño, se suben al púlpito para tronar contra los pecados de la carne.
En la película de W. Allen suena una voz en off innecesaria y escuchamos unos doblajes deficientes, compensados con creces por escenas sublimes como la discusión acalorada en la cocina que culmina con un vaso roto. Hay guiños hitchcockianos jugando con la complicidad del espectador, en una comedia agria en la que los personajes son irremediablemente previsibles, en un relato entre Auster y Chejov donde nada es lo que parece, donde todo es lo que parece, donde nos vemos reflejados en miserias y cuitas, donde nos reímos de nosotros mismos. Nueva entrega anual del genio de Manhattan, con su ración exquisita de locura y talento, donde los psiquiatras, los espíritus, los artistas y los farsantes campan a sus anchas, entre el ruido y la furia, soñando con lo imposible, confundiendo el poder con el amor.
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