Historia abreviada de la literatura portátil, Vila-Matas
Lo que cabe en un maletín. La literatura portátil es transportables, efímera, breve. Lo portátil es propio de poetas, de soñadores, de artistas que viven el presente, que sacan a pasear el niño que llevan dentro, que en realidad nunca dejaron de ser niños. En los años veinte es fácil imaginar a un ramillete de estos elegidos jugando entre la literatura y la vida. Imaginemos que se unen Dalí, César Vallejo, Scott Fitzgerald, Celine, Juan Gris, Duchamp, Walter Benjamín, Lorca, Tristan Tzara, Paul Klee... es fácil pensar que lo que creen en común será superior a la realidad, tan absurdo como la vida, tan inútil como el arte. Formaron un grupo secreto, un conjunto de conspiradores, 27 para ser exactos, porque el 27 era su número mágico, un conjunto de alucinados creadores que se reunían -si queremos hacer caso a Vila-Matas- alrededor de la literatura portátil, de la confabulación shandy (alegre, voluble, chiflado). Una mezcla de surrealismo, bohemia, dadaísmo, vanguardia, un grupo de geniecillos que viajaron por Nigeria, Praga, Trieste, París o Sevilla. Sin un objetivo claro, sin saber durante los tres años de su conspiración -del 24 al 27 - si pretendían algo, si conseguirían algo, sin saber a qué jugaban, viajando en un submarino, ingresando en un sanatorio, apoyados cada uno en un bastón, en la búsqueda de su doble. Como un antecedente de los cronopios y famas de Cortázar, en la literatura portátil aparecen golems, odradeks, hydre intime, como claves fantasmales, elementos que nos acompañan, los dobles negros, sí, negros de piel que son nuestros alter ego, nuestra otredad, nuestros fantasmas personales. La literatura portátil incluye a mujeres fatales, implica amor al trabajo y respeto a la vagancia, los escritores portátiles son solteros, máquinas solteras, sin amor a los niños, de sexualidad extrema, coleccionistas, insolentes, con una extraña relación con el suicidio. Una sociedad secreta que estaba condenada a sucumbir, a servir de sorpresa y divertimento a estos enajenados que la componían, que permitieron con sus especulaciones, con sus posibilidades, que Vila-Matas les siga el camino, les cree un nuevo camino para nuestro disfrute intelectual. Buena introducción a la metaliteratura de este escritor letra-herido como un shandy más, a las páginas de quien, con P. Valery, nos dice que el universo sólo existe en el papel. Literatura y vida.
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