La ciudad, Mario Levrero
Es extraño llegar a un sitio sin saber de donde vienes. Es extraño no reconocer ese lugar. Extraño es no ver una ciudad si te dicen que ahí hay una ciudad. El personaje de La ciudad camina por un espacio atemporal en el que la bruma y la indeterminación delimitan un territorio atípico, inverosímil, peligroso, hostil. La atmósfera de esta novela se emparenta con los road movie, con los espacios abiertos en los que la carretera es la protagonista. El camino como discurso, el deambular como razón de ser, lo etéreo como esencia. Un hombre sin pasado se pierde en una carretera. Como en las novelas de Onetti y de C. McCarthy un paisaje abrupto y desértico acompaña al protagonista. Un camionero y una joven lo introducen en un mundo onírico del que no puede ni casi intenta escapar. Los zapatos gastados, la falta de cigarrillos, las miradas de soslayo al forastero o la depresión de éste se conjugan con el deseo sexual, con su memoria, con la falta de memoria, con escenas en espacios laberínticos, con una estación de servicio que oculta otra realidad. El poder representado por el reglamento, por la Empresa, por la legalidad, se ejerce desde la ausencia, por la fuerza del miedo, se impone por una autoridad omnímoda que nunca está presente. Todos ellos son elementos kafkianos que configuran un territorio mágico, siniestro, desapacible. Como en las novelas de Kafka, los personajes se pierden en pequeños gestos, en movimientos absurdos, en escenas hilarantes, en un pasar el tiempo en el que el absurdo se incorpora a nuestra cotidianidad. La puerta cerrada de una habitacion prohibida puede ser la llave que aflore lnuestros instintos más salvajes. La estación de servicio donde es hospedado el protagonista sin nombre de La ciudad es una gasolinera sin clientes, una empresa sin presente con mucho futuro, un lugar sin coches donde los trenes quizá nos alcancen a Montevideo. Mario Levrero es un autor uruguayo redescubierto ahora en España que incorpora elementos de la literatura costumbrista y de la fantástica, que incomoda por la cercanía de sus propuestas. Como en los cuentos de Borges, hay una estructura oculta que se va cerrando y desvelando conforme nos alejamos de la realidad, conforme nos acercamos a nuestros fantasmas. La ciudad de Levrero deviene en contemporánea, en cómplice de nuestros deseos ocultos.
