Cara de escorpión
Siempre me ha fascinado la imagen del escorpión. El escorpión subido a la rana, el escorpión que hace promesas que no cumple. Parecería que las promesas están para no cumplirlas. El escorpión encima de la rana quiere darse una segunda oportunidad, quiere demostrarse, quiere demostrarle al mundo, quiere demostrarle a la rana que confíe en él, que puede confiar en él, que podemos cambiar, que por encima de nuestra naturaleza -el escorpión después de picar a la rana le dice que es su naturaleza, trágica naturaleza-, que más allá está su voluntad, que se convierte en su falta de voluntad. Nos ponemos a prueba para darnos una segunda oportunidad, para sucumbir ante el fracaso. Se nos queda cara de escorpión cuando fracasamos, cuando nos hundimos de nuevo en el fango. La rana tiene cara de samaritana, de hospitalaria y redentora. La rana quiere hacer una buena labor, cree que no será picada porque ambos morirían, cree que nadie atenta contra su propia vida. La rana no conocía a quienes se inmolan, la rana no conoce de vicios y autodestrucciones, la rana peca de exceso de confianza, de ingenuidad. Me da más pena el escorpión. Queremos creer en la redención, en el poder liberador de la voluntad, en el esfuerzo por salir adelante, en nadar contracorriente. La imagen del escorpión clavando el aguijón sobre la rana resulta pavorosa, terriblemente humana. Más que una traición, es una derrota, la fuerza del mal, la sabiduría de unos poderes ocultos que nos guían en la dirección opuesta. Fascinante y aterradora es la visión de ese matrimonio mal avenido, la negación del amor, el triunfo de la desesperación. El escorpión nos reconcilia con nuestros instintos más bajos, nos descubre una insana humanidad, la naturaleza salvaje, la fuerza sanguinaria del exceso de amor, el abuso de poder, la violación como principio, el animal rastrero que nos acompaña, las luces en la oscuridad. La cara del escorpión es brutal, sincera. Un escorpión nos persigue por la noche para robarnos las entrañas. Qué difícil es convivir con el escorpión que llevamos dentro.
