Alargar la vida
Hablar mucho alarga la vida. Lo dice Rojas Marcos. Psiquiatra. También dice que las mujeres, que hablan mucho, viven más, más años. La longevidad, la esperanza de vida, los muchos años como criterio de salud, de salud física y mental. Los que no hablamos mucho, escribimos; algunos hablan y escriben mucho; pobres de los que ni hablan ni escriben. Los que escribimos, aunque hablemos poco, también movemos las neuronas. Pero no es lo mismo, no hace falta llamarse Rojas Marcos para entender que no es lo mismo. No hace falta ser optimista, como Rojas Marcos - optimista antropológico dicen ahora- para saber que no es lo mismo. Al escribir intentas comunicarte, pero no es una comunicación directa, la comunicación es diferida, en espera de un futuro lector, una seudo-comunicación. Si lo pienso bien, es bien triste escribir. Parece que dejemos de hablar para escribir. La escritura es un oficio y dejas de hacer otras cosas para ponerte a escribir. Hay algo de renuncia en el acto de escribir. Es una elección más: toda elección es renunciativa, excluyente. Hasta cuando escribe el optimista de Rojas Marcos hay un elemento de renuncia. Escribir es dejar de hacer algo, mientras escribo no puedo ver la televisión, ni contar las moscas, ni tocarme las narices, ni siquiera hacer cosas más productivas. Sólo jugar con las palabras, no con las personas, sólo con las palabras, porque escribir implica concentración, soledad, aislamiento, renuncias sociales. Elegir es complicado, necesario, es ejercer el libre albedrío, optar, tomar partido, decantarse por esta o aquella palabra en detrimento de otras. Hablar mucho alarga la vida, aunque en Los viajes de Gulliver nos proponían acompañarnos de los objetos para identificarlos y no castigar las cuerdas vocales, nuestras laceradas cuerdas vocales. Pero al hablar no nos referimos sólo a los objetos. ¡Qué va!, lo de menos son los objetos, o las personas, al hablar nos referimos al mundo, a todo y a nada, a las relaciones, sensaciones, deseos, es un pasar el tiempo, un dejar pasar el tiempo. Como cuando escribimos, pero con alguien delante, con alguien diferente a la pantalla del ordenador, que se ríe, que suspira, que mira de reojo el reloj, que se distrae de vez en cuando, que nos responde aunque no siempre nos dé la razón, hablar es diferente, y alarga la vida. Escribir sirve para pasar de página, para matar el tiempo, para jugar con las palabras, pero no te haces más viejo por escribir más. A veces pienso que escribir me aleja de la vida, aunque tampoco creo que la gente hable para alargar la vida. Qué cosas dicen los psiquiatras. Mientras hablan, mientras dicen estas cosas, los psiquiatras creerán que se alarga su vida. Hablar por hablar; a veces no difiere tanto hablar de escribir, de callar.
