En las tardes de otoño
La lluvia es como la tristeza, empapa y empapa, sin tiempo a secarnos. Húmeda y caprichosa, la tristeza, se adhiere a los huesos y no deja salir el sol. La lluvia cae gota a gota, vertical y duradera, hacia abajo, se expande como la gripe. Con el calor se seca la lluvia, la tristeza se adapta al buen tiempo. En primavera y en otoño no hay chubasquero que nos proteja, siempre llueve cuando menos lo esperas. En verano y en invierno somos más precavidos, nos abrigamos o desnudamos más. Pero en entretiempo quedamos vulnerables. Despreocupados nos arrasan los vientos del equinoccio, sea en primavera o en otoño la tristeza se pega a la piel. Como un forastero indeseable la piel se reseca y hace mella en las costumbres, en el mal genio, en la apatía, en el hastío, en el frío que lo cubre todo. Llueva o no llueva, el frío se cuela por las persianas y arrasa con las cortinas, con las lágrimas, descorcha la pintura, agrieta las manos, reseca el carácter. Es triste hasta con el amor, es más triste aún con el amor. Con la falta de amor es permisiva, la tristeza. Con el amor se recrea, hunde sus garras en el amor y lo carcome, con fruición, lentamente, como las termitas. En primavera y en otoño es mejor cerrar bien las ventanas, no dejar un resquicio al mal humor, tender la ropa fuera, ventilar las habitaciones vigilantes y atentos, con la escopeta cargada de alegría. En los tardes de otoño un pájaro de mal agüero deposita sus excrementos en la ventana de nuestra felicidad. Para un otoño placentero hay que desempolvar las alfombras hacia fuera, libres de virus y malas compañías, vaciando los cajones, despejando los pasillos, liberando las motas de tristeza que arañan la memoria. Lo mejor es tender las fotos boca a bajo, como la lluvia, esperar que salga el sol y ver si tienen manchas. Las fotos amarillentas hay que lanzarlas al contenedor de basura que no admite reciclaje: la tristeza es contagiosa.








Morgana dijo
Qué bonito, y cierto :)
21 Octubre 2009 | 10:44 PM