Relojes
Se llama Watches. Parece ser un spam, un correo que me envía mensajes indiscriminadamente. Llevo todo el día recibiendo estos correos, que ahora he conseguido banear. Si no cambia de IP, no me molestará más. Cosas de la informática: Ipes, spam, baneos, emails. La jerga informática, los nuevos lenguajes, la tecnología, las herramientas de la información, de las telecomunicaciones. Me siento ante el ordenador, desde la oficina o desde el escritorio de casa y creo ver pasar el mundo ante mí. Y me entra la sospecha de que éste no es el mundo. Será la realidad virtual. En pocos años nos hemos familiarizado con unos conceptos tan explícitos que resultan sospechosos. Watches anuncia relojes y joyas, se publicita en inglés ante mí, ante mi blog, ante mí, aunque yo no sepa inglés. Lo de menos es el trabajo, el esfuerzo absurdo de borrar más de cien comentarios, que se parece a espantar moscas. Cuando las moscas me rodean, cuando parece que son más poderosas que yo, llega un momento que me rendiría, que me flojean las fuerzas, que me canso de luchar, si me paso el día matando moscas pocas cosas más podré hacer. Las moscas me acercan a lo efímero, a la naturaleza etérea, prescindible. Los relojes (Watches) ven pasar el tiempo, que corre y corre. Creo que era San Agustín quien decía que sabía lo que era el tiempo pero era incapaz de definirlo. A Lope le ocurría con el amor. Hoy ya son habituales los novios virtuales, los amores por internet, las relaciones que pasan la prueba del tiempo. Queda en el aire una sensación indefinida, un extrañamiento que se pega en la piel, un cierto malestar, un picor agridulce con el contacto del teclado, un viaje sin movimiento, el pasar de los años tan pausadamente, letra a letra, como las agujas del reloj.
