Malditos bastardos, Quentin Tarantino
Hace casi quince años que Tarantino creó un clásico del cine moderno: Pulp Fiction. En 1995 recuerdo un debate interesante entre Javier Marías y Antonio Muñoz Molina. El primero defendía la genialidad de la obra y el segundo la cuestionaba porque no todo vale en arte. Pasado el tiempo hay que reconocer que la influencia en el cine posterior de Tarantino avala la tesis de Marías, lo que no se contradice con aceptar que sigue sin valer todo, en la vida y en el arte, incluido el cine. Supongo que a los que veneran La lista de Schindler les parecerá esta Malditos bastardos toda una gamberrada. A Los que hace tiempo dejamos de ver películas de guerra, nos resulta amena y divertida. Tarantino domina muy bien los diálogos (intencionadamente excesivos), la música, los efectos visuales, la puesta en escena. De las interpretaciones destaca, por delante de Brad Pitt, el papel de Christoph Waltzencima de coronel nazi. La violencia, la excesiva violencia, sigue como marca de la casa, por mucho que se la quiera aderezar de humor. En la estructura, echo en falta los saltos narrativos a los que nos tenía acostumbrados, presentando aquí una obra lineal, en forma de sucesión de pequeños cuentos como si fueran cuentos de hadas, de hadas brujas y guerreros armados hasta los dientes: es la guerra. En cuanto al guión, el final es efectista pero quizá cojee algo. Y el tema es lo más trasgresor, lo más Tarantino: una revisión más o menos desprejuiciada de la 2ª Guerra Mundial. Entiendo que haya a quien le moleste. Yo que no soy aficionado a películas de guerra, reconozco que me ha enganchado, que las dos horas y media de proyección han pasado muy deprisa, atraído por un despliegue visual cercano al virtuosismo del viejo Kurosawa. No soy muy tarantiniano, pero ver de nuevo caricaturizado a Hitler tiene su punto. Sí me parece una buena película esta Malditos Bastardos.
