El secreto de sus ojos, J. J. Campanella
Las locuras se hacen por amor, por venganza o simplemente por odio. A partir de una fotografía, de una mirada de soslayo, del secreto de unos ojos, se desencadenan una serie de obsesiones, de locuras, en forma de thriller, en las que los personajes sacan de sus entrañas los instintos más primitivos. Una película que comienza recordando el tono periodístico de Soldado de Salaminas acaba pareciendo El silencio de los corderos. Los diálogos, el ritmo narrativo y las interpretaciones (Ricardo Darín y Soledad Villamil) son acertados. Pero echo en falta la alegría de El hijo de la novia. En el año 2.000 Campanella nos deslumbro con esta comedia urbana donde radiografiaba a la sociedad argentina y a todos nosotros. Nueve años después, el diagnóstico es más triste, muy triste. El humor negro, las corrupciones, la burocracia, las injusticias de la justicia, personajes alcoholizados, perdedores a sueldo, un cuadro sombrío y gris. Sí hay escenas jugosas, como la que se defiende la pasión, en un bar recitando las alineaciones de hace años. Pero las obsesiones de los personajes destacan por la venganza, por el odio. La obsesión por el amor, el amor de R. Darín por su jefa, me lo cuentan pero no me lo creo, la última escena no me la creo, edulcora una película que no puede resolver con cerrar una puerta un amor suspendido 25 años atrás. La escena previa de una sorpresiva cárcel improvisada parecía el final de la historia. Un historia bien contada, amena, truculenta, oscura. Me ha dejado mal sabor de boca esta buena película de malos.
