Niñerías
"Me llamo Iris, tengo cuatro años, me he perdido, me busca mi dueño, por favor, llamad al nº...". El cartel va acompañado de la foto del perro. También leemos necrológicas: "Tú eres la luz que ilumina mis amaneceres. Sin ti ya nada tiene sentido. Siempre estaremos juntos...". A quien se dirige la misiva ya nunca la podrá leer. Con frecuencia oímos: "como ya eres mayor y muy responsable limpiaremos juntos el coche", "cocinaremos los dos, mamá y tú", frases así, dirigidas a niños de cinco o seis años. Y estos días oímos: "por mi hija mato" o "no publiquen las fotos de mis hijas". La personificación, el hablar a los muertos y el infantilismo son habituales en nuestra sociedad. Una sociedad que sacraliza a los niños (y a los perros y a los muertos y a otros animales). Los niños están sobrevalorados. Como en los conciertos para Etiopia: Somos el mundo, somos los niños. Un grito general incendia las calles: dejad que los niños se acerquen a mí. Una sociedad puerilizada idealiza a los niños y a las niñas. Yo soy quien espía los juegos de los niños, cantaban los Ilegales. Protegemos a los niños en exceso y a veces queremos encerrarlos. Niño, deja ya de joder con la pelota, canta Serrat. Dice Javier Marías que ni hay que reducir la edad penal ni está mal dar una bofetada de vez en cuando. Javier Marías, que tiene tantos hijos como yo. Los niños y las niñas, los jóvenes, adolescentes, púberes, lolitas, chavales, muchachos, locos bajitos, gamberrotes, pequeños delincuentes, adorables criaturas, mocosos, insensatos, enanos, renacuajos, qué monada, ¡que te calles, niño!, bebés, el mío es una monada, mi crío ni rechista, tu hijo es un sol, es un cielo, esta niña es preciosa, qué educada, qué mona. Se han creado brigadas contra la pedofilia y la pederastia: mirar a jóvenes es sospechoso. Aristóteles y Platón negaban los derechos de los niños (y de las mujeres y los esclavos). El bueno de Rousseau fue quien los liberó: los niños son buenos por naturaleza, carecen de maldad y de pecado (para poder pensar tranquilo encerró a sus hijos en un orfanato). Hemos pasado de los trabajos infantiles a la sobreprotección de los niños y jóvenes. Como en un movimiento pendular. Ver en los titulares a las hijas de la Belén E. y del Presidente hace pensar que algo falla. Recuerdo la frase que le dice un policía a Pedro, el protagonista de Tiempo de silencio: "ustedes, los inteligentes, son siempre los más torpes".

violetaberna dijo
me ha gusta do este post, quiza llegué el día que nos gobiernen los niños...
saludos!
1 Octubre 2009 | 08:58 AM