Tiritas
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Dice que ser rico es fácil, que basta con no pensar en otra cosa. Salgo de la conferencia sorprendido. Me ha extrañado oír estas palabras a un gran economista. Paula me coge de la mano, está contenta. Ella no ha oído eso, dice que lo que ha dicho el economista es que la riqueza atrae como los imanes, que hay que cuidar el patrimonio. No tengo ganas de discutir con ella, pero yo le he oído decir que ser rico es fácil. Mañana iremos con Paula a firmar la hipoteca. Nosotros no queremos ser ricos. Sólo queremos firmar la hipoteca. Paula dice que ha estado bien la charla. Que no entiende del euribor ni del ibex pero que es interesante lo de la inflación y los tipos de interés. Se alargan sus labios cuando pronuncia inflación y suena a infracción, a falta, a trasgresión. Me arrimo a ella y nos paramos en un portal. Le digo que quizá no es buen momento para comprar. Le echo mano mientras le recuerdo que nos han hablado de ahorro, de contención. Ella mete la mano en mi bragueta y dice que sí, que ahorremos mucho, que me calle, que tiene frío, que la caliente. Paula habla de sofás verdosos, de mesas circulares, de cojines. Yo le recuerdo que quiero comprar tiritas. Que un botiquín lleno da mucha seguridad. Que paremos en la farmacia de la esquina. Se lo toma a broma. Se cree que es una metáfora lo de las tiritas.
Pido una caja de tiritas a la dependienta y Paula se echa a reír, se tapa la boca y se esconde detrás de mí estirándome el jersey. Me dice que estoy loco y en la farmacia deben de pensar que los dos estamos locos. Le cuento a Paula que con las tiritas me siento más seguro, que definitivamente ser rico es fácil, que yo no quiero ser rico, que prefiero pensar en otras cosas.
Paula ya no me escucha, lanza su mirada por el ascensor y se entristece. Dice que cuando compremos el nuevo piso echará de menos este ascensor tan destartalado. Le da al botón amarillo y nos paramos de golpe. Entre dos pisos, como atascados entre el pasado y el futuro, me sujeta por el cuello y dice que me va a hacer una pregunta importante, la más importante de nuestra vida. Me adelanto a decirle que no, que no se preocupe, que no quiero ser rico, que no me haré economista, que le dé al botón verde, que los vecinos esperan. Decepcionada, hace pucheros y sale delante de mí, dice que conmigo no se puede hablar de cosas serias. En esto creo que tiene razón, yo ya no quiero ser rico.
