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En el periódico leo un anuncio: piénsatelo bien y sé impulsivo. En la siguiente página un entrenador dice: hay que jugar desordenadamente para atacar con orden. Los políticos autonómicos reclaman: más dinero para cada uno, aunque haya el mismo para repartir. Son deseos, nuevas formas de pensar, de actuar. La inteligencia emocional, los juegos de suma positiva, el lado femenino, la cuadratura del círculo. Una ruptura, un cambio de estrategia: la falta de estrategia como estrategia. En el mayo del 68 se gritaba: "Sé realista, pide lo imposible". La asociación de vecinos de mi barrio pide: "Okúpate del barrio". Hace unos años los mensajes "okupa" (el Word se resiste a la k) eran antisistema. Ya se sabe que el sistema lo engulle todo, como una batidora multiusos absorbe todos los gestos. Los golpes de estado devienen en reformas; los revolucionarios hippies en propagandistas de un canal televisivo bajo el lema "paz y amor"; en las series televisivas se prohíbe fumar y se fomenta la cuota gay. Nuevas formas, viejos hábitos reconvertidos. Los diccionarios practican la prueba del algodón, el paso del tiempo como filtro para adoptar nuevas palabras: se lo piensan bien y no son impulsivos. Google se sumó al día del orgullo gay con una carroza. Incorporarse a las nuevas tendencias es condición para estar al día, a riesgo de quedar en la cola. Renovarse o morir, se impone como lema. El chándal como ropa deportiva para no deportistas; el pantalón vaquero como ropa joven para los mayores; los cuerpos se confunden en las playas, se tiñen de rubio los pelos, se difuminan las curvas, las pieles se broncean. La desnudez es la ofrenda a los dioses del mercado, de la publicidad, la apuesta por el presente. La lucha contra el tiempo la simbolizan Peter Pan, Michael Jackson, el victimismo adultos, un carpe diem lúdico y ligero como estandarte frente a la crisis. Las gotas de sudor que caen por los cuerpos sonrosados y lúbricos son la metáfora de un verano eterno en el que el calor nos invita a una pacífica resistencia.
