Mucho calor

Un oxímoron: sana envidia. Como si de una alergia se tratara. Un sarpullido que se extiende por la piel y te hace sentir incómodo. No dejas de mirar el reloj y el tiempo se hace interminable. Miras a uno y otro lado y no entiendes por qué no has sido tú el afortunado. Los celos son diferentes; los celos no son una alergia, son un cáncer. La alergia -la envidia- es pasajera, efímera como el catarro. De usar y tirar. Puedes ver un coche de lujo, un chalet, un yate, o a tu mejor amigo con tu mejor amiga. Es entonces cuando te sale el sarpullido, cuando miras el reloj, cuando entiendes que tendrías que estar contento. Cuando no estás contento. Cuando te regodeas en tu mala suerte, cuando inventas excusas, cuando recuerdas que la felicidad es un globo que sube y pronto explotará, como todos los globos. Te rascas la cabeza, te pellizcas el cuello, y quieres consolarte imaginando a los cantautores de los 80 y los músicos de la movida con los mismos sarpullidos que tú, con los mismos sentimientos contradictorios que los que se quedaron en las canciones de la radio y las telenovelas. Hasta imaginas a los hijos de la playstation y el mp4 cariacontecidos, insatisfechos deseando que el coche se pinche, que el yate se hunda, que hipotequen el chalet, simulando alegría cuando vuelve tu amigo con normalidad, como si nada hubiera ocurrido. ¿Ocurrió algo más allá de tu cabeza?, ¿más allá de las supersticiones, de los chantajes de la felicidad, de las palabras impostoras? Pasaron casi veinte años de la canción Cómo hemos cambiado y seguimos pasando mucho calor, a pesar de los cambios generacionales y climáticos.
