El capitalismo funeral, Vicente Verdú
¿Os molesta que hable de dinero?, pregunta en un verso el poeta Manuel Vilas; "Dinero" se llama un poemario de García Casado; "Mercado Común", de Mercedes Cebrían; ya Quevedo escribió sobre Don Dinero. Vicente Verdú escribe sobre la crisis, un ensayo para no economistas. Un nuevo trabajo de quien mejor escribe sobre "las cosas que pasan en la calle". Parapetado en Baudrillard, en Galbraith, en Hobsbawm, en S. Paniker, Verdú polemiza sobre nuestra sociedad, sobre la estrechez de miras de los economistas, sobre los tiempos futuros, sobre el fin de una época.
El capitalismo de ficción es ya un enfermo terminal. Un descendiente de Adam Smith a quien se le aplican recetas del viejo Keynes, un capitalismo funeral que todavía dará mucho que hablar. V. Verdú apuesta por el futuro, por las nuevas tecnologías y sobre todo por los jóvenes, tanto que en diciembre de 2007 fue replicado con ironía por A. Muñoz Molina en las páginas de El País, "que el periódico nos jubile a todos los menores de 20 ó 30 años", decía éste.
Verdú nos recuerda que el dinero nace antes que el Estado, que surge en los templos. Que su valor sacrifical, sacramental, es paralelo a la Iglesia y al Estado, que no es casualidad que los grandes bancos del XIX y XX fueran como catedrales.
El capitalismo deviene en capitalismo de ficción cuando el 90% del capital que circula no se corresponde con mercancías. Ahora el 60% de los gastos son inmateriales, necesidades de segundo orden: viajes, psiquiatras, sexo, ciber...Las tarjetas de crédito, de plástico, representan un salto cualitativo del dinero. Es más rico quien más se puede endeudar. El patrón oro, el becerro de oro, ha desaparecido y estamos huérfanos, sin paradigma, en una contemporaneidad virtual, en una crisis no sólo económica.
Verdú describe el panorama de las casas vacías, de los millones de desempleados, como el surgimiento de la 3ª Guerra Mundial. Pero sin enemigo: ya no hay malos a los que combatir.
La sociedad clásica simboliza en la cultura del coche una estética y una moral. Los nuevos coches son ecológicos, eléctricos, menos rápidos, light. Los valores antiguos se identifican con lo vertical, las jerarquías, los libros, la concentración, los adultos/viejos, el orden, el jefe, la innovación, la individualidad. Los nuevos valores son: lo horizontal, lo femenino, la pantalla, las sensaciones, los jóvenes, la transparencia, la transformación, la cooperación. No es que Verdú divida el mundo en buenos y malos pero sí apuesta decidida, valiente e ingenuamente por los valores en alza, por las nuevas formas de relación, que tendrían su exponente máximo en las redes sociales, de internet, por supuesto.
Si Lipovetsky radiografió en "La era del vacío" la sociedad individualista, consumista y seductora, Verdú retrata con optimismo el fin de una época, los últimos años posmodernos: femeninos, románticos, visuales, efímeros, sensacionalistas, publicitarios... Una época en la que especular es invertir mal, en la que invertir bien es ser rentable. Una época en crisis con salvación: "allí donde hay peligro también surge la salvación" (Hólderlin). Como la escasez impulsa la creatividad artística, como sobran recursos, como ya no hace falta recurrir al comunismo, como las nuevas generaciones están preparadas y programadas visual y sensorialmente, como el anarquismo es el taoísmo de Occidente (Paniker), como Verdú es optimista, otro mundo nos espera a la vuelta de la esquina, quizá sólo con leer este libro, El capitalismo funeral. Un ensayo frente al miedo, una medicina para no caer en el ataúd del capitalismo funeral, para no tener que llamar otra vez a Dios para que nos saque de la crisis, mejor refugiarse en las dosis de lucidez que nos vende el autor de libros tan sobresaliente como El planeta americano o No ficción. Un lujo en tiempos de crisis.

Alberto dijo
Todo el libro es una perfecta muestra de la retórica vacía, sin argumentos científicos, vacuo en continente y contenido; que desde hace unos años los llamados "científicos sociales" muestran bajo esa perversa manta gris del postmodernismo.
Verdú se monta en el carro de hacer un libro, que más allá de las opiniones personales (válidas en cuanto a opinión, pero insuficientes en cuanto a análisis riguroso de lo social), no aporta realmente nada de nada al debate actual. Y por si ello no fuera poco, ya que la retórica es la herramienta del charlatán; muestra una serie de fallos que demuestran la falta total de conocimiento sobre el tema que trata.
En varias páginas del libro insiste en el nacimiento del capitalismo en el S. XIV, cuando no puede hablarse del sistema capitalista hasta el S. XVI.
Realiza constantes analogías entre la medicina y su intento de explicación de la actual crisis, que no dejan de ser bonitas metáforas y comparaciones. Pero nada más. Además, en muchos casos como en el uso del término fractal, su analogía incluso se salta las propiedades del concepto que usa.
Podría seguir y seguir, pero bastante sufrimiento ha sido leerlo como para tener que recordarlo ahora.
Resumiendo, retórica postmodernista que no aporta nada más al debate científico que los clichés de siempre, tan manidos y sobados por los críticos del sistema.
Un saludo desde Madrid.
16 Julio 2009 | 02:15 PM