En el trineo de Schopenhauer, Yasmina Reza
Deseo de ser piel roja (Kafka). Los sueños de la razón producen monstruos (Goya). La fascinación. El intelectualismo. El exceso de intelectualismo. El optimismo de Spinoza. El pesimismo de Schopenhauer. El trineo de Schopenhauer. Un descenso a los abismos de la razón. El deterioro físico y moral. La crisis, la falta de fe. La falta de razón. La familia, la no-familia.
Yasmina Reza diseccionó la modernidad en Arte; a partir de un lienzo en blanco, como paradigma del arte moderno, cuestionaba valores como la amistad. En un dios salvaje le toca a la familia, a los sacrosantos niños, a partir de un acontecimiento nimio saltan por los aires muchos valores supuestamente arraigados. En el trineo de Schopenhauer se sienta en en el diván a "la pareja". El hastío contemporáneo, burgués y acomodaticio, se propaga como un virus, corroe las arterias de nuestra sociedad. Un ciudadano europeo, blanco, socialmente respetado y respetable, un buen día decide quedarse sentado en el sofá, con los brazos caídos. Esa caída de brazos es la radiografía de nuestra impostura social, de una sociedad de arañas y moscas en la que un contemplativo Spinoza ve cómo las arañas se comen a las moscas. Cuando se nos indigestan las moscas, sólo nos queda el descenso libre en un trineo mugriento. Un viaje en el que los libros no sirven de consuelo. Los libros no sirven de pañuelo, el excesos de intelectualismo se convierte en un lastre, el peso de miles de polvorientas páginas nos puede hundir. Pensamos porque no sabemos, porque no entendemos nada, decía Erza Pound. Esta novela corta plantea incómodos dilemas morales cercanos a las obras de Ian McEwan y a Bernhard. Tampoco es lejana a Los estados carenciales de Angela Vallvey o a Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos de Rodrigo Muñoz Avia.
Un matrimonio en crisis, la crisis de un matrimonio. La pareja, el amor, la falta de amor, el triunfo, el fracaso, la mentira. Las mentiras que nos mantienen vivos. El paso del tiempo, el tiempo que a veces no pasa. Las arañas, las moscas. La fascinación por los pieles roja. La falta de fascinación. Las flores, los coches, los libros, los sillones, los hijos. Orson Welles, en Ciudadano Kane, bajó de niño en un trineo llamado Rosebud: se pasó la vida buscando el trineo. Los viajes en trineo también son peligrosos. Todos los viajes lo son.
