Sin gasolina
Frente a mi casa hay una gasolinera abandonada. La miro con pena, con otros ojos, con la distancia que se mira la suciedad. Huele a miseria, a último refugio. La han acordonado como un gran museo. No encuentro el arte en una gasolinera abandonada. Sí hay restos de vida. La chatarra y los gusanos pueblan de recuerdos un espacio abandonado. Decía Ballard que es más hermosa una gasolinera abandonada que el Taj Mahal. Nunca visitaré el Taj Mahal, siempre me quedo mirando frente a mi casa. Paso de largo y miro la gasolinera, lo que queda de vida, el abandono. El arte es inútil. La hermosura insospechada. Me gustan los cementerios.
Me abrigo de palabras impostoras
Protegido de ilusiones frías
Compadezco a los que viven mejor que yo
Pienso mucho
No entiendo nada
No sé nada
Me canso de pensar
Mi abrigo no tiene bolsillos.
Lejos de los poetas, por prosaico. Lejos de los narradores, por intimista, por mi lirismo. Mi falso lirismo, mi no ficción, mi no lugar. Mi desubicación. Una vida en fuera de juego, desarraigado, quizá por no salir en las fotos. Dicen que el que se mueve no sale en la foto. Es mentira. Creemos en mentiras disfrazadas de verdades. El juego de la silla es una metáfora espacial. Las fotos amarillentas y borrosas, una metáfora temporal. No hallar mi silla y no salir en las fotos es mi costumbre. Los versos que yo escribo no riman,como los cuentos que no escribo. Escribo para soportar el silencio. Escribo para no oír el despertador. Bebo para oír tu silencio.
