Cartero, Charles Bukowski
Pura supervivencia. Caca, culo, pedo, pis. Y tetas. Muchos culos y muchas tetas. Para escribir de lo que se esconde debajo de la alfombra no se necesita un estilo almibarado, se requiere otro estilo. Ser ameno, ordinario, divertido y mordaz también es un estilo. Chinaski, alter ego de Bukowski, nos relata sus más de diez años en el servicio público de correos norteamericano. Sus más de diez años levantándose -cuando se levantaba- para ir a la oficina de correos, sus días de resaca, sus exabruptos a los jefes -todos los jefes son Jefes-, su obsesión y persecución a las mujeres, las visitas al hipódromo, sus borracheras: historias de pura supervivencia. Recuerdo que Bobby Fischer le dijo a Arturito Pomar: pobrecito cartero español, yo mañana seguiré jugando al ajedrez y tú volverás a repartir cartas. Chinaski era un cartero muy responsable, un buen profesional a su manera, hubiera sido fácil que el narrador hubiera perdido el control sobre el personaje, que se le hubiera ido de las manos, que hiciera que el libro se nos cayera. Bukowski consigue en ésta su primera novela crear un gran tipo, un antihéroe, un lamentable excremento, una miseria humana que como un zombi recorre las calles y reparte cartas, que nos acompaña como si fuera nuestra sombra, que empaña nuestro espejo y nos hace sentir incómodamente identificados con este gran fantoche, con esa inmundicia humana que todos llevamos dentro. Sin adjetivos, sin tapujos, descarnadamente, como las heridas que más duelen, Bukowski nos invita a un viaje suicida por lo más sucio y apasionante de nuestras vidas; los deseos son el motor de nuestras vidas y nuestra perdición; ser un compendio de caracteres, de voluntades, decía Nietzsche, de los altos y de los bajos apetitos, aunque exista contradicción, el disgusto de sí mismo. Bukowski, como Cela, como Rimbaud, como Cioran, como Carver, nos reconcilia con el otro yo, con la basura que nos acompaña, nos ayuda a soportar las lágrimas, a reírnos de nosotros, a crecer con los pantalones sucios. Piensa Chinaski que "la mitad de las madres americanas con sus grandes y preciosos coños y sus preciosas hijitas, la mitad de las madres americanas tienen mentes sucias y retorcidas". Bukowski dice lo que piensa y bebe todo lo que encuentra. Realismo sucio, alta literatura. Si Truman Capote decía, con razón: "soy un alcohólico, un drogadicto, un homosexual, soy un genio"; Bukowski lo podría parafrasear: soy un borracho, un salido, un machista, soy un genio.
