Privado de título, Andrea Camilleri
Visto el grado de falsedad, parece que el juez vaya a condenar al acusado. En esta recreación documental de un episodio de los años 20 (del siglo pasado, sí) los policías y los políticos son unos corruptos. Toda la sociedad. El carácter latino de los sicilianos se refleja en esta obra con aires de comedia, por su humor, pero es un humor negro pues estamos hablando de la invención de un mártir. De una historia creada, falseada y mistificada, para llevar a los altares a un fascista italiano. La complicidad social, la red que se teje en todos los estamentos sociales para convertir en verdad una mentira, deja desnuda a una sociedad que explotó en la 2ª Guerra Mundial. El libro tiene el tono documental de Soldados de Salamina de Cercas o de El vano ayer de Isaac Rosa. Pero es menos ambicioso, más sencillo, de ágil lectura. Con un aire policiaco Andrea Calamari va dosificando la información para advertirnos de los riesgos de la manipulación informativa. El registro cinematográfico se acentúa deliberadamente en algunas escenas, llegando a jugar con la moviola como elemento narrativo. Como ante una película neorrealista italiana, nos queda una sensación de rechazo frente a la institucionalización de las mafias, ante la corrupción generalizada. Las amantes y los adulterios son habituales en la novela, como si fueran más una obligación que un derecho, como en San Camilo 1936 de Cela. Ni fascistas, ni comunistas. El mensaje de la novela de Camilleri es claro: tanto fascistas como comunistas quisieron tergiversar la Historia. Y probablemente lo consiguieron. La manipulación era algo cotidiano y no era extraño que desaparecieran pruebas de cualquier comisaría, de los juzgados, de de las administraciones. Casi resulta difícil de creer que un juez libere al acusado, al protagonista de esta historia cuando se había montado un contubernio en su contra. El asesino, que no era asesino, sale absuelto pero de poco le sirve: le hacen la vida imposible durante más de veinte años. Privado de título es una radiografía del poder, una foto en la que la clase política queda desfigurada, caricaturizada por un escritor que nos muestra con ironía las flaquezas humanas, las miserias en la que todos nos podemos ver envueltos, lo cutres que resultamos vistos desde la mirilla por un observador objetivo.
