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22 Abril 2009

Dos monedas

 

 

Me dio dos monedas y se marchó, no me dio tiempo a rechazarlas, a preguntarle que qué hacía, que yo no soy un mendigo, que soy un guardia de tráfico, que estoy en el semáforo para ordenar el tráfico, que esperara, que quién era ella para darme dos monedas, una señora mayor por el hecho de llevar un traje de monja no tenía por qué darme dos monedas, que yo tengo mi sueldo, que está prohibido aceptar propinas, qué sabe ella de mi economía, claro que necesito dinero, ¿quién no necesita dinero?, dos monedas no solucionan los problemas a nadie, ahora sí tengo problemas económicos, pero no acepto dos monedas de propina ni de limosna, desde que juego a las maquinetas, desde que me separé, desde que me gasto todo el sueldo, sí tengo problemas, ¿y ella?, la monja que me dio dos monedas en el semáforo, a lo mejor ella sí necesita ayuda, tenía que haberla atendido, los guardias no solo ordenamos la circulación, tenemos una formación y estamos para aconsejar a la gente, probablemente estuviera enferma, las monjas también enferman, las monjas cuando cumplen unos años pueden necesitar que las atendamos, no hice bien en coger las dos monedas que me dio la monja, en dejarla irse sola, alejarse de mí igual que se acercó, como una samaritana, como si fuera mi madre, mi mujer, mi salvadora que me da dos monedas y me dice toma, gástatelas, húndete en la miseria, sigue derrochando, eres un mal guardián de tu tiempo, de tu vida, yo soy el espejo redentor en el que se reflejan tus carencias, pídeme dinero y te lo daré, destrúyete y yo te cabaré la fosa, soy la monja que te ha de enterrar, y se fue por donde vino, sin darme explicaciones, con un paso de hormiguita que hizo frenar a los coches, que sonaron las bocinas y tuve que poner orden, claro que puse orden, no hubo ningún accidente porque soy un buen guardia de tráfico, y estuve a punto de tirar las monedas pero me las guardé en el bolsillo del uniforme, y las dejé sobre la mesilla de mi habitación y no las he vuelto a tocar, y desde entonces no he vuelto a jugar a las máquinas tragaperras, desde que una monja anónima me dio dos monedas las miro todas las noches y sigo sin saber quién era, ni por qué se acercó a mí, y no la he vuelto a ver ni creo que la volveré a ver más, ni sé si existe la monja que yo quiero pensar que me dio dos monedas y que me cambió la vida, a mí que soy un guardia de tráfico que últimamente estoy ordenando mi vida, con dos monedas.

 

Tags: literatura

servido por liber 1 comentario compártelo

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numeroprivado

numeroprivado dijo

Sin respiración hasta el final, hasta cuando las dos monedas dejan de dar sentido a una explicación. Muy bueno, si señor, muy descriptivo emocionalmente.

22 Abril 2009 | 08:15 PM

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