Gran Torino, Clint Eastwood
Cada uno se construye un Clint Eastwood a su medida. Está el pistolero de Harry el sucio, el romántico de Los puentes de Madison, el jazzista de Bird, el revisionista del western de Sin perdón, el dramatismo de Million dollar baby o la complejidad de una obra maestra de Mystic river. Ahora nos ofrece Gran Torino, una película más lineal, de engañosa sencillez. Engañosa porque hacer comulgar al espectador con un personaje racista, machista, xenófobo, etc. es tarea difícil. No estamos ante el símpatico Jack Nicholson, raro y recurrente en Mejor… imposible, estamos ante un excombatiente enfrentado a su familia, huraño, solitario y desengañad de la vida. Un personaje que al quedarse viudo sólo le quedan sus armas, un viejo y elegante coche (un gran torino del 72), su perro, la separación de sus hijos y nietos, una casa en un barrio habitado por orientales, y su soledad. Gran Torino es la historia de un hombre que ha ganado una guerra que ve cómo le ronda la muerte, de un luchador que renuncia a ser un perdedor. Es una historia de superación, un canto a la amistad. Vivir en un gueto rodeado de asiáticos y bandas juveniles es poco recomendable para un jubilado de la américa profunda. El amor a los coches, a las armas, a las cervezas y a los principios de toda la vida es una constante en los personajes de Clint Eastwood. Tampoco es nuevo explorar en la memoria, en los sentimientos enquistados, en un pasado que con su culpabilidad nos frena. En Gran Torino hay pocas palabras, las justas para trasmitirnos un personaje desubicado, que se acerca a los extraños que lo rodean porque no encuentra a nadie más, porque necesita redimirse y lo hace armado de pistolas y prejuicios, con valentía y desesperación. El mechero final ilumina una película que emociona, que trasmite verdad y vida, un acercamiento arriesgado al complicado mundo urbano y multicultural, interracial, en el que conviven tradiciones con venganzas, amor y odio. Un mundo como otro cualquiera, más violento que el que vivimos a diario, pero en el que no cambian tanto los valores, en el que se dan los mismos sentimientos, los silencios son igual de profundos y en el que el protagonista quiere darse una segunda oportunidad. Las películas de Clint Eastwood son historias de aprendizaje, de valor, de crecimiento personal, imágenes impactantes y diáfanas donde las sombras no aparecen para confundir, donde las escaleras son una vía de conocimiento. En Gran Torino el confesionario nos invita a mirarnos al espejo.

rosibel dijo
Me encanta, soy su admiradora. Lo tiene todo, un cuerpazo perfecto y un rostro hermosísimo. No se que tiene esta hombre que entre mas pasa el tiempo mas bello y atractivo se pone, sencillamente es alguien espectacular. Sin duda el mejor especimen de la humanidad muebles
20 Abril 2009 | 08:25 PM