Con muchos papeles
Nos conocemos de toda la vida. De niño la veía colgada de las paredes, sobre las mesas, escondida por los rincones. La convivencia ha sido fácil. Una relación libre, sin ataduras. Nos casamos en secreto, con papeles, con muchos papeles. Condenados a entendernos, como hermanos, como amantes. Siempre nos hicimos compañía. La mejor compañía: en los momentos bajos, en las huidas de la soledad, y en los instantes de placer vivimos los mejores orgasmos. No caben los celos entre nosotros. Es camaleónica, cada día aparece disfraza con un traje diferente, más vistoso. Sin pactos de fidelidad nos reencontramos, nos acercamos con las palabras. Su magia está en la palabra. Me seduce a diario con un lenguaje nuevo. Me acurruca en la cama, me echa mano en cualquier esquina, en cualquier pausa me envuelve con su manto. Puede ser dulce, agresiva, sutil, agreste, lírica, sincera, malvada, benévola. Me sorprende a diario. Nuestro compromiso, lleno de hojas, de papeles, de letras, no admite rupturas. Sin ella nada tendría sentido, no imagino mi vida sin su presencia. Me sigue en los viajes, me da descanso al llegar a casa, me la encuentro por la calle: nacimos el uno para el otro. No me imagino con otra amante. El sexo está en sus palabras. Su voz es melancólica, aguda, susurrante. Me contagia su gravedad en momentos de duda, me consuela, me hace reír, me llora. Me moriré con ella. Mi hermana, mi madre, mi amante, mi novia, mi mujer, mi hija: la Literatura.


Luis Borrás dijo
Yo me veo siempre con ella a escondidas. Cuando llega la noche. Cuando los ruidos se apagan. Siempre en soledad. Como un pecado. Nadie lo comprende. Ni si quiera yo sería capaz de explicarlo.
Un abrazo de papel.
4 Abril 2009 | 03:42 PM