Siete maneras de decir manzana, Benjamín Prado
Otro manual de poesía, otra introducción a la poesía, otro "Así se escribe un buen poema" de A. Rivadeneira, otro "Poesía para los que leen prosa" de Munárriz. Siete maneras de decir manzana es algo más, es un acercamiento a la poesía contagioso, lúdico, sentencioso, dichoso, canónico. Está plagado de citas, de aforismos y sobre todo de grandes poesías. Un homenaje a la poesía es grande sí contiene grandes poemas. En éste hay poemas de Neruda, de Auden, de Bécquer, de Miguel Hernández, de Lorca, de Octavio Paz, de Valente, de Silvia Plath, de Anne Sexton, de Lorca, de Gil de Biedma, de Celan, de M. Tsvietáieva, de Machado (de Antonio, de su hermano Manuel no, porque dice Benjamín que es un poeta menor). Benjamín Prado nos recuerda que un escritor comprometido lo es en primer lugar con la escritura, antes que con la política (escuché esta semana al casi octogenario y gran poeta aragonés Rosendo Tello hablar en la misma línea). Dice Benjamín que la primera insurrección es "contra el lenguaje, contra lo ya conocido o lo evidente, contra la falta de originalidad". También nos recuerda: ser muy emotivo o sentimental es más útil para ir a un entierro que para escribir una oda (hay muchos malos poemas en nombre de la sinceridad, de la belleza y de los buenos sentimientos). "El gran poema es el que no podría se de otra forma", P.Valery; "El buen poema es el resultado de la buena poesía escrita antes de él", T. S. Eliot; "Atreveos a decir lo que llamáis manzana", Rilke; "De la disputa con nosotros mismos nace la poesía", Yeats; "La poesía es la mitad perdida del hombre", O. Paz; "En medio de todas las pérdidas solo permanece el lenguaje", Celan; "El poeta puede hablar de todo de modo ameno y trascendente", Novalis. Con semillas tan fructíferas ha sembrado Benjamín P. un libro ágil y de fácil lectura, una invitación a la lectura. Donde nos dice que en poesía vale lo ampuloso y lo insignificante, los dos extremos, donde la metáfora no es un embellecedor sino una luz, donde el silencio es parte del poema, donde no existe nada que no pueda decirse, donde un poema se escribe desde cualquier personaje, pues siempre hay que interpretar uno, donde un buen poema siempre es original. Si Tsvietaieva sitúa la poesía entre lo visible y lo invisible, en la disidencia, O. Paz en el abismo entre las cosas y sus nombres, Heidegger en nombrar lo indecible. Última cita: toda persona es menos importante que lo más hermoso que haya escrito, P. Valery. Y una elegía, un poema maravillosos de W.H. Auden: En memoria de W. B. Yeats
Desapareció al final del invierno:
los arroyos estaban helados y los aeropuertos vacíos;
la nieve desfiguraba las estatuas públicas
y el mercurio se hundía en la boca del día agonizante.
Los elementos de que disponemos coinciden
en señalar que el día de su muerte fue un día oscuro y frío.
Lejos de su enfermedad
los lobos recorrían los bosques de coníferas,
los ríos bucólicos no se acercaban a los muelles elegantes
y algunas voces
ocultaron la muerte del poeta a sus poemas.
Pero para él aquélla fue su última tarde como él mismo,
una tarde de enfermeras y rumores;
las provincias de su cuerpo se revelaron,
las plazas de su mente se quedaron desiertas,
el silencio invadió los suburbios,
sus sentimientos cesaron, él se transformó en sus admiradores.
Ahora se reparte en cien ciudades,
condenado al afecto de los desconocidos,
a intentar ser feliz en bosques de otro mundo,
a ser sometido a un código de conciencia extranjero.
Las palabras del hombre que ya ha muerto
se alteran en la conciencia de los vivos.
Pero en la importancia y el ruido de mañana,
mientras los corredores de Bolsa griten como bestias
y los pobres sufran los padecimientos
a los que están honradamente acostumbrados
y cada cual, en la celda de sí mismo, esté casi
convencido de su libertad,
unos cuantos miles pensarán en ese día
como se piensa en un día en que se hizo algo
excepcional.
Los elementos de que disponemos coinciden
en señalar que el día de su muerte fue un día oscuro y frío.
