Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos, R. Muñoz Avia

Muñoz Avila estudió filosofía. Como todo filósofo, desconfía de psicólogos y psiquiatras, es decir, de la competencia, de los enemigos. Entre psicólogos y psiquiatras las rencillas ya son intrafamiliares, de puertas para adentro. Digo esto porque el título del libro responde a su contenido: el protagonista de la novela enferma gracias a la mala influencia de su cuñado (lo que no entiendo bien es para qué recupera el autor al cuñado para cerrar la estructura de la obra). Rodrigo es el autor y otro Rodrigo (supongo) el personaje. Este Rodrigo se definía como normalizado, como gente corriente y feliz, hasta que los "loqueros" (no los llama así, pero sí los trata así) le hablan de la felicidad y del miedo a la muerte. Temas inevitables y recurrentes, para qué vamos a incidir. La familia de la novela vive en una urbanización de lujo, de clase media alta o alta (no sé distinguir esto muy bien) y nos cuentan sus pequeñas travesuras, las diabluras de los peques, las manías de los vecinos, la piscina que se llena y vacía de agua, el cortacésped, la dorada del restaurante, las carcajadas del padre, el vecino exhibicionista...y las manías de los psi-quiatras/psicólogos. Me ha recordado, por el paisaje urbano, el tono de Un millón de Luces de Clara Sánchez (y en el tratamiento inicial de los personajes no sé por qué me acordé de La caricia del escorpión de I. García Valiño). Todo esto dicho tan asépticamente, pareciera que me he aburrido. Reconozco que me ha hecho mucha gracia, que he tenido que contener las carcajadas (porque la he leído en dos tardes en la biblioteca pública). Libro más cercano a Lo mejor que le puede pasar a un croissant que a La conjura de los necios, más cerca de El club de la comedia que de Woody Allen, más próximo a Buenafuente que a Eduardo Mendoza. Lo cual no es poco para una comedia, con visos intelectuales, a una opera prima con humor, con mucho humor, con escenas desternillantes, comedidamente desternillantes. Que conste que yo estoy más cerca de los filos que de los psicos. Y recomiendo a cualquiera este libro porque nunca se sabe si mañana mismo tendremos que quitarlo de la estantería para hacerle sitio a pastillas, libros de autoayuda u otros tratamientos, así que mejor leerlo y reírse con él antes (para después reírnos de nosotros mismos).
