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19 Marzo 2009

El primer hombre, Albert Camus

 

Historias de infancia y de familia. Nos encanta lo que no tenemos, lo que hemos perdido. La añoranza se viste de carencias, de ausencias que cubrimos con ropa literaria. En El primer hombre Albert Camus hace un viaje a sus orígenes, a la Argelia fundacional de la que surgió un premio Nobel rodeado de hambre, de miseria, de analfabetismo y de cariño. De los juegos de la infancia. Siempre cito mis novelas iniciáticas favoritas, una vez más citaré Ardiente secreto de S. Zweig, Demian de H. Hesse o Agostino de Moravia, por si alguien me lee (¿alguien me lee?). Libros mágicos en los que vemos el paso de la infancia a la adolescencia, esos momentos en los que uno cree dejar de ser un chiquillo, los conflictos de la infancia, ese primer golpe catártico, ese día en el que la cartera que arrastras a la escuela parece llena de ladrillos y lágrimas pero al llegar al pupitre sientes una energía vivificadora, por haber llegado. Cuando aprendes que caerse es inevitable, que el mérito está en levantarse, que hasta crees ingresar en el mundo de los bípedos, ese modelo que parcheamos con cicatrices y desengaños en la vida adulta hasta que nos sujetamos a un bastón de madera.

            Albert Camus escribió obras maestras como La peste, El extranjero y Calígula. El primer hombre se publicó a título póstumo en los noventa; una novela autobiográfica (¿oxímoron?) incompleta, que quedó interrumpida porque el cuatro de enero de mil novecientos sesenta su autor se subió a un automóvil del que ya no saldría nunca: ni la literatura es excusa para romper el ciclo de la vida y la muerte.  

            La educación sentimental del personaje surge de la búsqueda del padre. Juan Rulfo escribió: "Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera".  En El primer hombre también está muerto el padre, y Camus halla pocos testimonios de quien le precedió - un hombre frugal y trabajador como las sombras-, pero encuentra sus huellas en los olores de un paisaje baldío, en la laboriosidad silenciosa de las gentes humildes que entienden la guerra y el dolor como el estado natural del hombre.  El no-padre frente a la retórica del discurso tan en boga del padre freudiano, de crecer contra el padre, del odio al padre en vida para quererlo tras su muerte.

            La literatura de Camus, como buena literatura, se muestra a base de escenas, de imágenes veraces, emotivas y vívidas, que se complementan con reflexiones certeras y profundas del Camus pensador, del existencialista que echara un pulso intelectual a Sartre, del que a fecha de hoy parece ganar por puntos gracias al transfuguismo de  los ahora antisartrianos  (a mí me sigue gustando leer a Camus y también a Sartre). En los talleres literarios se cuenta que hay que narrar los hechos ("narrar, no decir" es el eslogan) y no explicarlos; Camus los narra y luego los explica: sirva como excepción a la norma. Esperaba encontrar la cita de: lo esencial de la vida lo aprendí en el fútbol. Los buscadores de citas somos cazadores con licencia caducada. No hallé la frase, pero no importa porque vi al niño que juega partidos con balones de trapo, que no tiene zapatos de repuesto, que pelea con los compañeros, que crece desde sus pantalones cortos, un niño que crece con el fútbol y los libros. ¡Qué importa ahora cómo hubiera continuado esta novela! Camus sigue vivo.   

Tags: literatura

servido por liber 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Luis Borrás

Luis Borrás dijo

Soy alguien que te lee. Y seguro que hay algún alguien más.
De novelas iniciáticas.... la última que recuerdo es "Los príncipes valientes" de Javier Pérez Andujar.
Por lo demás yo fui un niño que creció leyendo a Baroja y rompiendo todos los versos que escribió.
Un fuerte abrazo.
Y te sigo leyendo.

19 Marzo 2009 | 05:42 PM

liber

liber dijo

Tomo nota de Javier Pérez Andujar, a quien no conocía.
Agradezco tu sugerencia, Gracias, Luís.

20 Marzo 2009 | 11:42 AM

Jose Manuel Velasco

Jose Manuel Velasco dijo

Bueno, pues esas dudas las tenemos todos. He estado por aquí y queriéndote animar a seguir escribiendo me he decidido a escribir en tu blog. Supongo que a mucha gente le costará dar el paso a pesar de leerte.

He leido tus conclusiones acerca de "el primer hombre" ya que me gusta, después de leer un libro, conocer un poco otras opiniones que me permitan reflexionar enriqueciendo de perspectivas diferentes mi propia opinión. Después suelo investigar sobre el autor y su obra para finalizar la "digestión" expulsando en forma de crítica mi propias conclusiones.
El resultado estará en mi web en unos dias. Te espero por allí

Un abrazo

23 Abril 2009 | 01:49 PM

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“En aquel tiempo, buscaba los atardeceres, los arrabales y la desdicha; ahora, las mañanas, el centro y la serenidad”, J. L. Borges. “Embriágate sin cesar. De vino, de poesía o de virtud”, Ch. Baudelaire.

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