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18 Marzo 2009

Ropa interior

 

Dejará de ser gratis escribir. Los arbolitos lo agradecerán. No serán los únicos. Cuando escribir no sea tan fácil, cuando se acabe la tinta, cuando no quede papel, cuando ya no haya que esconderse para emborronar el papel, dejará de estar mal visto este oficio. Dejaré de esconderme para escribir. Esto lo escribo sobre un contenedor. De basura, sí. Aún no me he lavado las manos. No sé si escribiré cuando sea escritor. No sé si mis manos huelen mejor o peor que cuando rozaron a Maribel Verdú. Duele saber que la belleza es pariente de la basura. El saber es la suma de las derrotas. La belleza también se recicla.

 

                                                          

                                                           ***

 

Los días largos y la vida corta

Tan fácil es morir como difícil vivir

 

 

                                                           ***

                                                          

Hay hombres que nunca compraron unos calzoncillos.

Hay mujeres que siempre compran calzoncillos.

Hay días que cierran las lencerías.

La ropa interior está sobrevalorada.

 

                                                          

                                                           ***

 

 

El día que cogiste unas bragas del tendedor sentiste que la vida quedaba colgada en las pinzas. No recuerdas el color de las pinzas. Las bragas se han descolorido.

 

 

                                                           ***

                                                          

La soledad es una calle cortada. Las obras te impiden llegar a una cita. A la cita que habías preparado con tanta intensidad como las cien anteriores -que ya has olvidado-. La repetición no existe. Esta cita presumía ser diferente, resultar la última. Las prisas, las obras, la calle cortada, tus dudas, el GPS que no usas, el  tráfico, tus miedos, las ramas que devienen en hojas, el coche que se para, la marcha atrás que no entra, tus ilusiones que no son las mismas, las excusas, el bostezo de un cachorro, la vagancia de quitarte la ropa. La concejala de tráfico bastante tiene con que no suenen las bocinas. No le pidas que regule la circulación de tus arterias. El día que de niño abriste un armario se contaminaron tus venas de deseo. La calle está cortada y los mapas no señalan el límite. Las calles siempre estarán en obras.   

 

                                                          

                                                           ***

 

 

La mancha que ves en la mesa no es lo que la afea. No es la mancha lo feo. Límpiate los ojos. Mírala otra vez. Mira con otros ojos lo hermosa que es la mesa con esa mancha. Los sueños siempre son reales.   

 

 

                                                           ***

 

 

Escribir con una almohada eléctrica a la espalda

 es como pasear por el cementerio,

es no encontrar tu nicho,

resucitar entre esqueletos.

 

 

                                                           ***

 

 

La falta de destreza de muchos hombres para abrir las bolsas de plástico de los supermercados probablemente no sea genética. Las cajeras no se ponen de acuerdo. Ni los científicos. 

 

                                                           ***

 

 

Me dice la farmacéutica que a su padre le va muy bien la almohada eléctrica. Que se mueve mucho, con una alargadera conectada a la red, a sus noventa años. Que también tiene la farmacéutica pastillas, parches, pomadas - y preservativos sin caducar- . El dolor es un estado de ánimo. A su padre le va bien, es muy movido. Como los que se sientan en los veladores de los porches y ocupan la calzada. Los municipales van a marcar en el suelo el límite de las sillas de las terrazas de los veladores. El camarero ya piensa en subir los precios. Oigo cómo habla de competencia desleal, mientras acuerda la subida de precio con los vecinos. El padre de la farmacéutica no está para veladores. ¿Quién a los noventa años aceptaría una subida de precios en los veladores sin un enchufe para conectar la almohada? La política municipal es como la vejez, como las farmacias, como las sillas de los veladores remendadas en mil colores.

 

 

 

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Algo debe amarse mientras dure la vida, L. Cernuda. Es preciso embriagarse sin tregua: de vino, de poesía o de virtud, a vuestro gusto. Pero embriagaos, Ch. Baudelaire.

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