Sobre la ceja
Es todo pose. No me creo sus palabras. Haz la prueba: baja el volumen del televisor y mírate a su frente. Concentra tu mirada en las arrugas que se le forman en vertical. Al resto de los humanos nos salen canas, se nos cae el pelo, nos salen arrugas horizontales, arrugas humanas. A él, ya lo ves, las arrugas le salen verticales. Mira su foto, míralo fijamente, haz un ejercicio perceptivo de concentración y verás cómo sobre sus ojos, cada vez que duda - y duda mucho- le salen esas arrugas imaginarias que ensombrecen el papel, que alargan su figura. No es un ejercicio de marketing; ya sabes que con las teles digitales y rectangulares todos parecemos más gordos. La foto del periódico es cuadrada, y su cara se alarga, su frente se eleva al infinito. Por su fe, dirán sus acólitos. Yo digo que es por su crisis de fe. Te digo que duda, que duda mucho, que su frente es producto de su falsedad. Es un líder de cartón, un héroe ensombrecido por unas líneas que apuntan al más allá pero que quedan en el más aquí. Muy cerca de aquí, de él. Mira a su mujer, ¿no ves que cuanto más arruga la frente ella aprieta los labios? Ella sabe que algo esconde, ella sospecha que en su frente se esconde la causa de su crisis, de su crisis de pareja, de su pérdida de fe. Es un converso, un converso con la frente al revés. Igual daría que se cambiara de peinado, que se hiciera un implante, que sonriera a su mujer, a su público. Ese rostro esconde algo, a ella, a ti, a nosotros, al mundo. La verticalidad de su frente es un presagio fatal. Por favor, no le votéis más. Con una frente al revés no podemos confiar en él. Antes no era sí. Siempre creímos en él, siempre nos respondió, fue nuestro salvador, se lo merece todo, lo sé. Pero se ha trasformado. Ya no es de los nuestros. Mira la línea sobre el ojo derecho, la más cercana a su ceja, mira cómo se estira, cómo se le forma una curvatura que gana en perspectiva, que como una señal de sentido único nos arrastra hacia el precipicio. Igual da que mires su foto de lado, que la gires, que la dobles, aunque la mires por detrás, su frente se trasluce y con ella su traición. Guarda la foto, pégala en el álbum sobre el celofán, y dentro de unos años la comparas con otra más reciente, otra en la que ya no le verás arrugas verticales, otra en la que lo verás en otro partido, con otra mujer, con el gesto firme, con otras ideas enraizadas como las arrugas que tú y yo podemos tener. Con las arrugas que surcan una creencia, con las arrugas en la frente, sobre las cejas, bien situadas: en horizontal.
