Vacíos

En el Centro Pompidou se han quedado las paredes vacías. En blanco. Vacíos-una retrospectiva se llama la exposición. No hay cuadros, ni esculturas, no hay nada. Las salas exponen la nada. El vacío como concepto, como sensación. El ser y la nada de Sastre, La era del vacío de G. Lipovetsky. Nueve salas en blanco. Hasta ahora conocíamos los lienzos en blanco. Una novela se titula: Trazo blanco sobre lienzo blanco. Hace unos años vi representada en Madrid: Artea, la obra de Yasmina Reza; la adquisición de un cuadro en blanco como reflexión sobre los límites del arte y de la amistad. Los agujeros negros se hacen blancos, las paredes se llenan de la nada. El arte conceptual, el minimalismo extremo, cruzar al otro lado del espejo y preguntarse: ¿qué ves, qué sientes? No hay colores, no hay formas, las luces y las sombras se difuminan y la percepción adquiere otra dimensión. De dentro afuera. Ante las obras de arte buscamos fuera lo que no hallamos dentro. Aquí, en París, no nos ofrecen nada. Ante el vacío nos invitan al vómito, a la nausea, a expulsar nuestros fantasmas, a transitar por un no-lugar, a imaginar, a caminar descalzos, a ver como los ciegos, a acercarnos al precipicio y mirar abajo, y arriba, de frente, de lado, mirar sin ver, un ejercicio cotidiano que como representación adquiere valor catártico, desinhibidor, terapéutico o simplemete estulto. ¿Nos vamos a París a no ver nada? A ver la nada. El arte como representación, como verdad, como mentira, el juego de los abalorios, la mirada al abismo, el sinsentido, una pecera sin agua, los peces por el aire. Siempre nos quedará París.
