A este lado del paraíso, F. Scott Fitzgerald
"La vida moderna ya no cambia cada siglo sino cada año, diez veces más deprisa que antes... la interdependencia económica... y estamos perdiendo el tiempo". Lo escribió Scott Fitzgerald en 1920, el autor de El gran Gastby, ahora conocido por El curioso caso de Benjamín Button. A la sombra del romanticismo, descubrimos la atormentada y seductora juventud de Amory; personaje atrayente y ególatra. "Muy a menudo estarás en tus peores momentos cuando creas estar en los mejores" le recuerda su padre espiritual como sacado del Dorian Grey de Wilde. También hay guiños y deudas con Poe, con Chesterton, con H.G.Wells, con los poetas románticos. La pasión, el amor hiriente y salvaje es lo que da vida al personaje. Las emociones de un dandi intelectual e inmaduro, un sentimentalismo edulcorado y veraz que aflora en las hojas de un joven "que crece gracias a un millar de libros, un millar de mentiras". Donde la ironía se hace mordaz, donde la poesía se mezcla con la política, la economía, el socialismo, y "aunque pocas cosas importan y nada importa mucho", Amory supera el amor y la guerra y se envuelve de escepticismo para recorrer las calles de Manhattan como un personaje de W. Allen, con la brillantez y el alcoholismo suficiente con que es atraído y rechazado por la sociedad bienpensante. Retrato generacional y paseo inmisericorde y tierno por una sociedad acomodada en la que como en un laberinto nuestro lacerado héroe sabe "que en estos días incluso el artista cobra lo suficiente para comer". Dice S. Fitzgerald que "la vida era un maldito lío..., un partido en que todos los jugadores están en fuera de juego, el árbitro se desentiende y todos protestan". Glamour, encanto y afectación, vanidad. Entre vanity fea y vanity fear.
