Por las venas
Produce hartazgo. Entrar a un hiper por primera vez es como conectarse a internet, como ver tantos libros en una biblioteca. Los demasiados libros. Borges casi se disculpaba de leer tanto. Como asumiendo que dejó de hacer muchas cosas. En la vida. La dicotomía literatura/vida. Luis Landero juega con esta dualidad y cita a Simbad y al Quijote. Simbad primero recorrió los mares y luego se dedicó a contarlo. El Quijote, al revés; después de mucho leer salió a los caminos a vivir aventuras y desventuras. Parecía que con el realismo sucio se rompía esta barrera. Los escritores norteamericanos (Carver, Bukowski...) nos hablan de historias cotidianas, de la vida. En realidad, de la mala vida. Las historias felices son menos literarias; hace falta un conflicto para atraer al lector, al espectador, al oyente. Romper el discurso. Rilke decía que se escribe por necesidad. Que el escritor lo es igual viajando que encerrado en una celda. Escribir de dentro a fuera. Las grandes emociones, los recuerdos más vívidos proceden de nuestra infancia. Se escribe desde las carencias, desde la insatisfacción, pero disfrutando y sufriendo, con pasión. Kafka, Juan Ramón, César Vallejo, Pessoa son ejemplo de autores vocacionales, para quienes lo más importante era escribir. Lo único importante. Quienes no concebían la vida sin la palabra, sin la letra impresa, sin la maldita literatura. Escribir es como el biberón para el niño. Fischer se enfadaba cuando le decían que el ajedrez es como la vida, para él era sencillamente la vida. Landero dice que el éxito crea adición. La literatura, como las drogas duras, entra por las venas.
