La noche de Iván De la Peña
En el túnel de vestuarios Pascual Margall lo saludó. El ex alcalde, desde su incipiente desmemoria, parecía desearle al Pelao, al pequeño buda: ésta va a ser tu gran noche. La vuelta al Nou Camp tiene algo de mágico para quien ha debutado a los 19 años bajo la tutela de Cruyff, para quien luego ha sido tachado de fracasado. Iván ha jugado en el Barça, en la selección, ha ganado títulos, ha salvado al Español de descensos y es uno de los mejores pasadores; cuando Ivan toca el balón ve los pasillos que se crean entre los jugadores y a esos espacios vacíos lanza la bola para que algún avispado compañero la remate. Hay una conexión entre Guardiola, De la Peña, Xavi e Iniesta. Jugadores criados en la Massía azulgrana que acarician el balón con la habilidad de García Márquez para unir las palabras. Futbolistas para los que el balón es su aliado. Y faltaba un eslabón, que ayer los dos goles de Ivan devolvieron a la cadena del talento futbolístico. Llevaba cuatro años sin marcar en liga, pero a sus 32 años, Iván supo aprovechar la ocasión que los defensas azulgranas y la historia le brindaban. Tras varios empujones con Eto,o, en una de las muchas tanganas en el centro del campo, el realizador enfocó a dos de los grandes: Messi y De la Peña charlaban sonrientes y cómplices, dos rivales que anteponían su talento a la rivalidad. Inspirado por Margall y por Messi, Iván sólo tuvo que empujar la pelota, primero de cabeza y en el segundo de vaselina, para reconciliarse con la historia, para celebrar en su estadio, sí en el Camp Nou, dos goles de homenaje a la carrera de uno de los mayores talentos del fútbol español, de quien por lesiones, estilos de juego, tácticas o falta de continuidad no se había sentado en el parnaso. Sí, esto es una hagiografía de Iván De la Peña, un jugador (como Guti en el Madrid) falto de suerte y sobrado de técnica, un artista con el balón, que parece que lleva en los bolsillos la escuadra y el cartabón, para repartir balones con la precisión con la que el arquitecto dibuja líneas en el plano. El público lo abucheó, pero seguro que Guardiola, Xavi, Iniesta y Messi sintieron por un instante un inconfesable calambre de felicidad al ver reconciliarse con el gol a un compañero de estirpe. La noche de Iván.
