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17 Febrero 2009

El cartero de Neruda, Antonio Skármeta

Don Quijote y Sancho. El contraste entre los protagonistas, el juego de opuestos. En El cartero de Neruda se contraponen el poeta y el cartero. La figura de Neruda, del gran poeta, se enfrenta a la de un joven, tierno e ignorante cartero. De ahí surge la amistad, apoyada en la desigualdad y la idolatría, con la idealización de la joven amada -cómo no- Beatriz (como Dulcinea). Y la figura que da realidad al triángulo es la de la suegra, la señora Rosa, tan pragmática ella (como el cura y el barbero cervantinos). Personajes prototípicos en una historia sencilla, agradable, que juega con lo poético, con la lírica como atmósfera envolvente. Una poesía fácil donde se mezclan imágenes, metáforas, refranes y lugares comunes. Un homenaje a Pablo Neruda y una introducción a la poesía. La figura del poeta comunista sale exitosa tanto de la novela como de la oscarizada adaptación cinematográfica, El cartero (y Neruda) de 1995 de M. Radford. (La chilena isla Negra en los años sesenta y sesenta es el paisaje del libro; en el cine es una isla italiana en los años 50). Reconozco que cuando leí las memorias de Neruda, ese buen libro que es Confieso que he vivido, acabé cansado. Las personas tan vitalistas -como Baltasar Garzón, Lola Flores, Fernando Savater, José Antonio Marina o Lope de Vega- me resultan distantes, me agotan por su hiperactividad, me desbordan, me dan miedo. En el libro destaca la visión más bucólica del escritor chileno, del cazador de metáforas que se acerca al mar para acariciar las palabras. Del activista político, comunista, se nos trasmite la contradicción proveniente de Platón entre la poesía y la política. De la película, me gustó el deseo de saber de Mario, del cartero (¡la poesía no es de quien la escribe sino de quien la usa!). Del libro me ha interesado más el personaje de Rosa, la madre, la suegra. Conocedora del poder mítico de la poesía, acepta su derrota ante la fuerza de los versos. Siempre al límite entre lo cursi y lo lírico, Skármeta consigue sacar adelante este libro comercial y entretenido. Poesía necesaria, como el pan de cada día, decía Gabriel Celaya. Quizá libros como éste acerquen los versos del poeta más allá de los veinte poemas de amor y una canción desesperada.

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Algo debe amarse mientras dure la vida, L. Cernuda. Es preciso embriagarse sin tregua: de vino, de poesía o de virtud, a vuestro gusto. Pero embriagaos, Ch. Baudelaire.

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