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3 Febrero 2009

Leaving las Vegas, John O'Brien

La película es de 1995. La vi hace algunos años, y sí, me encantó. La estética de videoclip, los flashback, la música, el espíritu de decadencia, la atracción fatal. En su mitificación ha colaborado Amaral con Moriría por vos cantando: Como Nicolas Cage en Leaving las Vegas... Alcohol y prostitución son elementos literarios y cinematográficos con resultados desiguales. Frente a la complaciente Pretty Woman a los espectadores exigentes nos gusta contemplar desde una cómoda butaca la decadencia y la autodestrucción. Los esfuerzos y sacrificios por la conversión los preferimos en la vida real.

Del libro, de 1990, escrito por John O'Brien, destaca su carácter autobiográfico. Y no es precisamente una virtud; desconfío cuando leo: basado en hechos reales. Decía Oscar Wilde que la mala poesía es siempre sincera. La sinceridad, autenticidad y compromiso no tienen que ver con la poesia (también escribió: no hay libros morales o inmorales, sólo libros bien o mal escritos). La ficción que cada vez me atrae más es aquella que se confunde con la realidad, la escritura que parte del yo para disolverse en la ficción, ahora llamada autoficción, en la que el lector no sabe (ni le importa) dónde acaba lo biográfico pero percibe el sabor de lo conocido; recomendaba Chejov escribir sobre lo que se conoce. El lastre de esta novela es el peso de la realidad, el excesivo detalle que no le permite dar el vuelo, elevarse por encima de la veracidad de lo cotidiano. No hablo de hacer el lenguaje más "literario" en el sentido de más ampuloso (como si la literatura estuviera fuera de la vida), simplemente de conseguir liberarse de la atadura de la trama, entrar en el juego de contar por contar, entretener sin necesidad de seguir un guión preestablecido. De los dos temas citados, alcoholismo y prostitución, los textos modélicos serían: Bajo el volcán de M. Lowry y Bola de sebo de G. Maupassant. Porque, aparte de otros motivos, no van directos a estos temas, simplemente se encuentran con ellos. No pretenden contarnos la historia de un alcohólico o la de una prostituta, están ahí en el paisaje de los relatos y se perciben sin querer, como cuando te acercas a una hoguera no puedes evitar impregnarte de su olor.

Agustín González, no recuerdo en qué película, al encontrar un bar cerrado, gritaba ante la puerta: ¡qué vergüenza, esto es un servicio público! Así se siente Ben, el protagonista de la novela. Ella, Sera, tampoco pretende salvarlo; sólo se apoyan, descienden juntos, a trompicones, hasta que él ya no se levanta. En la novela, la primera parte habla de ella, la segunda de él y en la tercera se conocen, se acercan, se quieren...La vida, ya se sabe. Dice John O'Brien, la huida sólo es una solución provisional.

Tags: literatura

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Algo debe amarse mientras dure la vida, L. Cernuda. Es preciso embriagarse sin tregua: de vino, de poesía o de virtud, a vuestro gusto. Pero embriagaos, Ch. Baudelaire.

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