La leyenda del santo bebedor, Joseph Roth

Llevada al cine por E. Olmi en 1988, La leyenda del santo bebedor es la última obra de Joseph Roth. Escrita a modo de testamento literario y vital, es un cuento triste, una parábola con milagros, una fábula con amargura y esperanza, un cuento de navidad sin final feliz. Sin llegar a la conciencia autodestructiva del Leaving las Vegas de John O'Brien, Roth escribió este libro siendo un alcohólico, como hiciera Malcolm Lowry en Bajo el volcán. Bukowski, Hemingway, Fittgerald, Carver, Poe...sería interminable la lista de los exponentes de las relaciones difíciles y seductoras entre la literatura y el alcohol. Roth intenta reflejar en este cuento la lucha de un personaje por conseguir un objetivo, su incapacidad para lograrlo, las dificultades que la propia vida le ofrece, la búsqueda infructuosa, el volver a intentarlo cada día, el enfrentarse a nuevos retos, el sentirse un privilegiado dentro de su miseria, en fin, el camino más que la meta. El autor trata con cariño al personaje, con paternalismo, moralizando sobre su improbable redención, como mostrándonos lo que tiene de doctor Jekyll y de mister Hyde, y ya sabemos que el doctor no fue el ganador en la novela de Stevenson. En esta alegoría de Roth, quien se convirtió al cristianismo en sus últimos años, hay una apuesta por la vida, por el día a día. Un libro breve, ameno, interesante.
