Quien parpadea teme a la muerte, Knud Romer

Opera prima del escritor danés Knud Romer publicada en Minúscula, editorial independiente (¿las grandes no lo son?). Desde la voz de un niño se narra las peripecias de una familia entre Alemania y Dinamarca. Sin grandes estridencias, recuerda las vicisitudes de historias con la 2ª Guerra Mundial como telón de fondo, como los grandes relatos de Suite Francesa de Irene Nemirovski o Léxico familiar de Natalie Ginzburg. Por el registro infantil elegido se acerca a Las cenizas de Ángela de F. MacCourt, Espera la primavera, Bandini de John Fanté o La senda del perdedor de Bukowski. Las historias contadas por niños nos atraen de entrada, pero no todas resultan interesantes; caer en la cursilería y lo almibarado es lo más fácil, basta recordar a “la niña de Rajoy”. Con un título solemne, en Quien parpadea teme a la muerte, se narra la supervivencia de varias generaciones de una familia centro-europea a lo largo del siglo veinte. Las anécdotas se suceden en una obra de lectura muy amena. Hay saltos en el tiempo, como si el protagonista, en esta autobiografía, no quisiera acabar de hacerse mayor. No hay tanto un esfuerzo por mostrarnos el proceso de madurez del personaje, su educación sentimental, como sería en las llamadas novelas iniciáticas, como Ardiente secreto de S. Zweig o Demian de H.Hesse, sí hay más un retrato familiar, cariñoso y amargo, de unos supervivientes de la guerra y sobre todo en la posguerra. Ser hijo de una alemana en la Dinamarca de los sesenta y setenta era un estigma nada fácil de llevar. Los democráticos y civilizados europeos también tenemos nuestros prejuicios, que son muchos. Premiada por la librería Cálamo de Zaragoza como la mejor novela extranjera del año, es una lectura muy interesante y recomendable para empezar el año.
(No hay en esta novela ajustes de cuentas, sino un generoso homenaje familiar. El morbo o lo truculento apenas se da, aunque la materia narrativa lo permitía. Y poco sexo.)
