Cortar las frases
Ayer decía que abundan las palabras largas. Hoy veo que se acortan las frases. Sin haber leído a Arcadi Espada, la frase que subtitula la portada de hoy en El País me resulta algo cicatera. Dice Bush: "He abandonado los principios del libre mercado”. Sí es cierto que lo dijo, pero la frase completa era: "He abandonado los principios del libre mercado para salvar el sistema del libre mercado". No vale recortar las frases, se descontextualizan (¡qué palabra más larga!), se pierde la sintaxis para cambiar la semántica. Debo de tener fiebre, para hacer de abogado del diablo, a quién se le ocurre defender a Bush. Seré un contreras, un lobo estepario que no se afilia ni con tirios ni troyanos. En mi pueblo lo llaman culo de mal asiento, un rebelde sin causa. Hoy nos ha enviado la jefa una felicitación en la que un rebaño de corderos pace bucólicamente. Ni el calor del establo es gratis.
No tiene que ver con Bush, ni con la navidad (o sí), pero ayer me divirtió leer en “París era una fiesta” las quejas de Hemingway cuando su mujer le recomendó que hiciera vida literaria. Le dijo que acompañara a Scott Fitzgerald en un viaje de Paris a Lyón. El autor de “El gran gatsby” sacó a relucir altas dosis de histrionismo, irascibilidad e hipocondría. Hemingway era borrachín, pero demostró mucha paciencia. Tuvo que aguantar los vómitos, las manías y las histerias de su colega. Al final del capítulo dice que si eso es la vida literaria, le interesa poco. Lo cuenta con mucha gracia (más que yo). Este libro inspiró a Vila-Matas su “Paris no se acaba nunca”. El original del americano aficionado a los toros y el boxeo, del autor de “El viejo y el mar” o de “Los asesinos” es más recomendable. Un libro, “París era una fiesta”, muy ameno, muy recomendable. No cita la teoría del iceberg, con este nombre, pero sí la explica. Dice que acaba de escribir un cuento y que está contento con el resultado, porque se ha atrevido a quitar el final en el que un hombre se ahorcaba. Explica que el escritor tiene que omitir cualquier parte del relato sabiendo bien lo que omite. Que eso da más fuerza al cuento, para dar la sensación al lector de que hay más de lo que se le ha dicho. También nos recuerda Hemingway que “las verdaderas maldades nacen en estado de inocencia”.
