El cambio de hora. El reloj biológico. La bolsa –antes la Bolsa- no levanta cabeza. El otoño. El móvil que suena. El móvil que no suena. El temporal que se avecina. El abrigo, los antigripales, el paraguas. A las seis será de noche. Hay que aprovechar el día. Madrugar más, no. Aprovechar el día. A-pro-ve-char. ¿Disfrutar? Trasnochar tampoco. ¿Hora nueva, vida nueva? Darle cuerda al reloj. Un guiño al calendario. Hasta la próxima luna llena. Hay otoños primaverales. Se ven las nubes atravesadas por un rastrillo. El viento se aletarga. Las hojas vagan suspendidas, riñendo con la gravedad. No hace frío. Octubre no es un mes cruel. Sólo atardece antes. Se esconden las pupilas en los pijamas de la soledad. En las zapaterías taconean pisadas cómplices. En un lunes de octubre se sirven los platos fríos. Se rifan berberechos y el postre se reserva para el invierno. Cambiar la hora es volver a empezar, una ducha de energía, la anfetamina de octubre.
servido por liber
1 comentario
compártelo
cntrcrrnt dijo
hola!
solo decirte que me ha gustado este carismatico post!
un beso!
27 Octubre 2008 | 09:03 PM