Volar

Esta mañana escribía que los aviones son para volar, para descansar. Lo decía, pero siempre he tenido miedo a volar. He cogido el vuelo Madrid-Las Palmas en más de una ocasión. He volado en Spanair. Volveré a hacerlo. Algunos ya no podrán repetir. Cinco, decían a las cinco. Veinte, a las seis. Cien, a las siete. Ciento cincuenta oigo al llegar a casa al anochecer. Hay días que sería mejor no salir de casa. Hay ciento cincuenta personas, de carne y hueso como tú y yo, que no volverán a casa. Ciento cincuenta. Si te dignas en contarlas de una en una, te cansas. Es lo menos que podemos hacer: rezar cada uno a su manera. Llorar. Y volar.
