El cuerpo
Antonio Gamoneda es el poeta español más reconocido. A sus 77 años (más o menos) ha sido premio Cervantes, entre otros reconocimientos. No sé si es un orgullo ser el favorito de Aznar y Zapatero. Él tampoco lo sabe. Los poetas más jóvenes no hablan muy bien de él. Los escritores, ya se sabe. Me gusta de su obra El libro del frío. No llega a ser tan sobrecogedor como El oficio de vivir de C. Pavesse, como El libro del desasosiego de Pessoa, como las poesías de A. Pizarnik. Mejor. En los libros buscamos literatura, refugio, pero no me gusta salir gélido de una lectura, desamparado. En El libro del frío está el Gamoneda más machadiano, más cernudiano. Nos trasmite el silencio de las palabras, el desamparo de las pérdidas, la oscuridad de los malos momentos. Pero podemos sobrevivir con ese frío, sobrevivir, sí.
En Santander confirmo que el lenguaje más universal es el del cuerpo. Los cuerpos son universales. Lo más primigenio. Puedes mirar un cuerpo durante horas. Serás quien más haya mirado ese cuerpo. Ni más ni menos. Sólo eso. La piel del cuerpo trasmite desde su silencio. El más universal de los lenguajes. El cuerpo también tiene hambre al atardecer. Cuando se recogen las toallas de la playa, cuando la arena se nos pega a la piel. Es la hora de cenar en Santander.
