¿Por qué no apagas la luz?

Petróleo para cien años. Chávez dice que tiene petróleo para cien años. O para doscientos. Si no le mandamos callar, nos lo dará. O nos lo venderá. Sebastián, ministro de industria, no se fía (¿de Chávez?, ¿de los españoles?). Tenemos que ahorrar. Bajar la calefacción y el aire acondicionado. Hay que pasar frío en invierno y calor en verano, como toda la vida. Yo tengo frío, pues abrígate, yo calor, pues quítate la chaqueta, no llevo chaqueta, estoy sudando, yo no, y así. Las discusiones por la temperatura son una vía de escape. De algo hay que discutir. Sebastián dice que apaguemos las luces. Hijo, dejaste encendida la luz de la cocina, y la del baño, y la de tu habitación, y la del salón. Ya has oído lo que dice el ministro. Y cambiar las bombillas incandescentes por las de bajo consumo. (En el programa Gran Prix regalaron miles de bombillas a los de mi pueblo; se habrán quedado obsoletas.) El ministro nos va a comprar y regalar 50 millones de bombillas: una por persona al año. Para gastar menos y ver, al menos, igual. Y correr menos. Que circulemos más despacio. Si vas por la acera, puedes correr. En bicicleta, lo que aguanten las piernas. Pero en coche, levanta el acelerador. No hace falta frenar. Sólo correr menos. Hay que ahorrar un 20%. Ser hombre es ser responsable. Ser ciudadanos, más. Ser consumidores no es gastar más. Cuántas cosas se pueden hacer a oscuras. Lo esencial es invisible a los ojos. ¿Por qué no apagas la luz?
