Si las moscas hablaran

Pobres moscas. Las ruedas se acercan al bordillo. Te das un susto. El roce del neumático con la verticalidad te devuelve a la carretera. Más que volver a la realidad, se ha roto un sueño. Otro sueño. Está por demostrar la causalidad entre los vendedores de neumáticos y de minifaldas. La primavera tiene algo de mágica, de siniestra vendedora de ilusiones. El coche continúa el camino y tú te frotas los ojos. Te gustaría volver al mundo idílico con el que sueñas. Del que aspiras a encontrar por las mañanas las llaves que abran el candado de tus deseos. Por las noches dejas el coche y ya no chirrían las gomas. Lo que oyes son susurros estentóreos a la puerta de la discoteca. Dice Manuel Vicent que las discotecas son democráticas, que cierran muy tarde, de madrugada, para ayudar a ligar a los torpes, a los que no ligan. Los ruidos van a más, se multiplican conforme avanza la noche, al paso de las horas pierdes la noción del tiempo. Te olvidas de M. Vicent, de los neumáticos, de la democracia, de El corte ingles. Tienes tanto sueño que vas a dormir. Dormir solo es acariciar las sábanas, jugar en otra realidad, sin minifaldas, desnudo con tus fantasmas. Tristes sábanas blancas que apagan tus sueños, que esconden en los armarios el frío de la primavera, los recuerdos agridulces que te desvelan, el sabor del agua burbujeante ante el baile despistado de una mosca abandonada, perdida entre el aburrimiento y la gramática. Si las moscas hablarán, cerrarían las discotecas y las atropellarían las ruedas del olvido, los coches de la memoria perdida.

lola dijo
holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
2 Julio 2008 | 12:02 PM