Vuelo rasante

Volver a empezar. Como el ave fénix, como las mariposas que abandonan las crisálidas, levantar el vuelo, crecer. Ya se sabe que lo importante no es caerse, cualquiera se cae: el mérito está en levantarse. Desplegar el vuelo.
Planear a ras de suelo, como los albatros, como un errante helicóptero, como paseante solitario sin rumbo fijo, miope y sordo, perdido en la gran ciudad.
Cuando aprendes a montar en bicicleta, trastabillas y te ensucias las rodillas. Los inicios exigen un esfuerzo: el móvil con ipod, tu novia, el ordenador de la oficina, la enfermedad de tu padre, los excrementos del perro.
Ya no hace frío. Te refugias en una primavera de cristal. Te abrigas de ilusiones. Te pones los esquís y deslizas ávido de futuro.
Pasas bajo el olmo enemigo que te acompañó. Saludas con tristeza y continúas el camino. Sin paraguas, sin niebla, con tus gafas. La identidad es un sombrero que te va grande. Escucha. Deja de silbar y escucha los sonidos del silencio. El puente está a la vuelta de la esquina. Atrévete a pasarlo, aviador.
