Martin Amis
Entrevista al escritor inglés Martin Amis en El Cultural de El Mundo
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P.-¿no cree que a los novelistas les cuesta cada vez más escribir sobre el amor?
R.-No hay duda. Es muy difícil escribir hoy sobre el amor y todavía más difícil escribir sobre el sexo. Pero el amor es más universal que el sexo. Es algo que compartimos todos. El sexo es diferente para todo el mundo, pero el amor es muy parecido para la mayoría de la gente.
P. -¿Por qué situó su historia de amor en Rusia?
R. -En el mundo moderno es más complicado escribir del amor. Porque antes las emociones eran más fuertes. No teníamos todas esas imágenes en la mente. Era un mundo que los hombres experimentaban directamente, no a través de los medios.
P. -¿El amor está perdiendo valor?
R. -A veces sospecho que sí. La Historia se ha acelerado. Es una aceleración que prácticamente ha matado a la poesía. Lo que hace un poema lírico clásico es congelar un momento y examinarlo y a la gente ya no le gusta parar el reloj.
P. -¿Y eso le parece bien?
R. -Bueno, ahí está. Tiene cosas buenas y cosas malas. Y ahí está Internet y el teléfono móvil, que están cambiando la sociedad y la política.
P. -También el amor...
R. -También el amor, sí. El otro día oí a una chica en la calle gritando por el móvil: “¡No quiero saber nada de ti! ¡Hemos terminado!”. ¿En plena calle? Vamos en esa dirección, hacia un amor cada vez más barato. Pero, por otra parte, la gente es más libre y creo que eso es bueno.
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P.- ¿Sigue sin convencerle el multiculturalismo?
R.- Dicen que soy racista. No lo soy: me encanta esta prodigiosa mezcla de razas que tenemos en Londres. Pero no voy a fingir que me gustan otras culturas porque hay cosas de otras culturas que no me gustan. No me gusta por ejemplo que a niñas de nueve años se les obligue a casarse con viejos en Iraq. ¿Cómo le sienta a usted eso? Yo tengo una niña de nueve años y la mera idea de forzarla a casarse no ya con otro niño de nueve años sino con un hombre es tan asquerosamente cruel... Y no puedo aprobar la poligamia ni los crímenes de honor ni la ablación de clítoris. El multiculturalismo es un fraude. Ninguno de nosotros cree en él. Algunos dicen que sí, pero es mentira. Y si uno dice que unas sociedades son más atrasadas que otras todos se asustan, pero es así. Las evidencias de mi mente y las de mis sentidos me dicen que es así.
P. Y las occidentales son en su opinión las más avanzadas...
R. No desde luego Estados Unidos. No hay control de armas y tienen pena de muerte. Y todo el mundo en América es creyente y va el domingo a la iglesia.
P. ¿Ir a la iglesia es un atraso?
R. Desde luego.
P. Entonces la europea es la sociedad más avanzada.
R. Sí.
P. ¿Qué lugar de Europa?
R. No lo sé. El Reino Unido no está mal. Nunca tuvimos esclavitud y eso nos distingue de América. Aunque quizá los países escandinavos son los más avanzados de todos. Nunca he estado. Dicen que la tasa de suicidios es muy elevada y la violencia cuando estalla lo hace de un modo extraordinario. Pero, claro, lo compara uno con Arabia Saudí, donde le cortan una mano o un brazo a la gente por cometer un delito y no hay color. Yo no respeto eso.
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Obama, un riesgo excitante
P. Estuvo con él en la Zona Verde, el recinto fortificado donde está el Gobierno iraquí. ¿Cómo le vio allí, en el epicentro de su desastre?
R. Todos teníamos un chaleco antibalas y un casco y estábamos cagados de miedo y él no se puso ni el casco ni el chaleco. Ni quiso. Es como si se sintiera invulnerable. En el fondo eso es calvinismo. Se considera de alguna manera el elegido. Las religiones tienen que ver con eso.
No soporto sentirme parte de una multitud y no me meto en política para nada.(...)
