LABIOS PROHIBIDOS




En las distancias cortas siempre pierdes. Ves unos labios y quedas atrapado. Sujeto a una carnosidad que te hipnotiza como el semáforo en rojo, y te fallan los reflejos. Te sientes tan a gusto, tan relajado, que te pones tenso. Te ensimismas y titubeas, se te nublan los ojos, tartamudeas, y estás indefenso, vulnerable. Hasta que te despiertan, te golpean el brazo, te preguntan qué miras, qué pasa, qué quieres, y reaccionas, pero ya es tarde. Te sonríen y ya es tarde, porque no hallas respuesta, no sabes en que día vives, bajas la cabeza y te alejas. Te despiden de lejos, cada vez de más lejos, y conforme se distancian esos labios aprecias el colorido, sus curvas, desearías que volvieran. Pero ya volaron. Fijos en tu memoria, como una condena, son la sentencia imposible de unos labios prohibidos.
