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La Coctelera

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19 Diciembre 2007

AQUÍ LLUEVE POCO (II)

Aquí la vida es tranquila. Venimos a reposar, a practicar la contemplación, a acompañarnos de silencio, de oración, a escuchar el órgano, los salmos, los oficios, a oler el incienso.

El silencio profundo impregna la noche. Por la mañana son inevitables los pequeños ruidos, de cañerías, de grifos.

Esa mañana me entretuve en la meditación, quizás me ocupaba San Agustín. No me había afeitado cuando llamó a la puerta el hermano Ángel. Le dije que ya iba, que sí, que llegaría al encuentro matutino.

La espuma la extendí por mi cara con más celeridad que de costumbre.

-No te demores - insistió Ángel -, no te demores que te estamos esperando.

La espuma cayó por el lavabo a borbotones. Provocó un atasco en la tubería. Cuanta más agua caía, se formaba más nieve: artifical; y mi habitación se iba convirtiendo en una pista de esquí. Me corté con la cuchilla, por las prisas, por el hermano Ángel o por San Agustín, y las gotas rojas lo inundaron todo. De pista de esquí pasó a volcán, y cuanta más agua derramaba la erupción era mayor. Chorros de vino manaban desbordándolo todo. Un escándalo. Una exageración. Y la barba se resistía. Como una presa que se abre perdí el control. No había forma de hacer diques con el papel higiénico. A punto estuve de cortar alguna hoja de las Confesiones, pero eso son palabras mayores.

Y el hermano Ángel golpeando la puerta:

-Que empezamos sin ti.

Dentro todo se desbordaba, como en una inundación. Litros y litros manaban ante mí y yo impotente, sin chaleco salvavidas. Fueron segundos de incertidumbre, momentos de terror en la quietud de mi alcoba. Momentos terribles en los que naufragué, a la deriva con la mejilla sangrada y el agua y la espuma manchando mi habitación.

La reunión ya había empezado. Me asignaron la tarea de limpiar los suelos. Con poca espuma.

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lamardecuento

lamardecuento dijo

A mí, este relato tuyo también me recuerda a uno que se titula Océano Atlántico (de la época de La muñeca rusa). El protagonista es un hombre extraviado que acaba naufragando, en medio de un bosque, y dentro de un coche; se inunda por culpa de un viejo mapa de carreteras... Algún día me animo y lo cuelgo en mi Marea de Palabras.
Un abrazo también para ti, Eduardo.

30 Diciembre 2007 | 07:11 PM

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Algo debe amarse mientras dure la vida, L. Cernuda. Es preciso embriagarse sin tregua: de vino, de poesía o de virtud, a vuestro gusto. Pero embriagaos, Ch. Baudelaire.

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