Aquí llueve poco

Gracias por tu carta, Yolanda. No te preocupes por mí, estoy bien, estoy muy bien. He venido aquí voluntariamente. Puedo irme cuando quiera. Por ahora no me quiero ir.
Madrugo, sí, es lo que más me cuesta. Una vez en pie te olvidas, disfrutas de la mañana, de los colores intensos a veces rojizos de estos amaneceres en la sierra. ¿Frío?, como en todos los sitios. Nos abrigamos bien, comemos bien.
Imagínate esas comunas con las que soñábamos de jóvenes. No es tan diferente. ¿Que ya no soy joven? ¿Que nunca he picado en un huerto? ¿Que no me ves de hortelano? Hay cosas más difíciles. Estoy aprendiendo, le echo ganas. Ya sabes que con ganas…tampoco trabajamos tanto, pura supervivencia: austeridad, sobriedad. Esas ideas que yo vendía y no practicaba, cuando usaba la Visa, cuando me daba pena el mendigo a la puerta del cajero y luego nos íbamos tú y yo de cena.
¿Que por qué he cambiado?, ¿que cómo he cambiado?, ¿qué me ha pasado? No sé, Yolanda, la vida nos lleva, no elegimos la carretera, ni el vehículo, ni los acompañantes. A veces te quedas sin compañías. Es en esos momentos cuando puedes reflexionar un poco. Cuando miras atrás, y sobre todo adelante, y buscas otros caminos. Sí, aparecen puertas que estaban ahí y no veías. Te das de frente con ellas y se abren un poco para ti. Curioseas en su interior, siempre he sido curioso, y pasas adentro, subes escalones, tropiezas con las paredes, pero te sientes a gusto, lo notas confortable.
¿Misticismo? No te hablaré de fe, de religiones, Yolanda, sé tus creencias, o tus no creencias, no importa, no es lo fundamental; las ideas nos acompañan, como las personas, son moldeables, se pueden adaptar a nuestras sensaciones. Cabemos en ellas si nos amoldamos como la plastilina, si somos flexibles, si no somos demasiado exigentes. Cada vez se es menos exigente.
¿Que si no echo algo de menos? Siempre se echa algo en falta. Pero no se puede vivir de recuerdos. La nostalgia escuece, es caprichosa como la fiebre. Prefiero ver lo que he ganado. Estos paseos bajo los soportales, las horas de recogimiento, la vida en comunidad, la vuelta al campo, las comidas regulares, los horarios…sí, algo de eso yo lo odiaba antes, lo sé Yolanda. No se puede tener todo. A veces fumamos algún cigarrillo compartido, como de niños, cerca de la tapias, o cae un chorro de anís en el café. ¿Sólo eso? Ya vale. No hace falta recorrer todos los bares, como hacíamos antes tú y yo, aquí no hay bares.
No, no tengo enfermedades graves, no te preocupes, Yolanda. Sí tenía cansancio, pegado a la piel, que me hacía un autómata, un urbanita sedentario, cansino. He adelgadazo un poco, me muevo más, sin necesidad de viajar. ¿La tele? ¿Internet? Quizá haya por aquí en alguna sala, no los necesito.
¿Venir a visitarme? No estoy enfermo, Yolanda, me cuido, nos cuidamos. Cuando salga, si salgo alguna temporada, quizá te vea yo, quizá. La vida sigue, ahí y aquí, es la misma, diferente paisaje, pero todos se parecen. Puedes escribirme, por correo postal, sí, dispongo de tiempo para contestarte, te contestaré siempre.
¿Mujeres? La panadera nos trae unos bollos muy ricos. Vemos a alguna turista, con cámara de fotos o de video, saludamos con alegría, sin mucho deseo, sin envidia. No, no lo echo de menos. Las tentaciones son fantasmas interiores, como casi todo, Yolanda.
Siento no echarte de menos, ni acordarme de tu cuerpo de mujer. Seguro que sigues tan guapa como siempre, no lo dudo, y deseo que disfrutes, si te gusta disfrutar así.
La música suena mejor aquí, en el claustro, más armoniosa, mnos estridente que en las discos, también te gustaría.
No, no hay sitio para ti, sigue tu vida, yo la mía, todas se parecen, nos acompañaremos en la distancia, tú en tu piso, en tu coche, en tu oficina, yo por estos pasillos, por la sala capitular, por la de estudio, por el calefactorio, por la ropería,un lugar cálido donde pasar los días y las noches, mi espacio, interior y exterior, mis paseos. No me eches de menos, yo no te echo de menos, Yolanda. Es tarde, aprovecha tu tiempo, descansa, amiga, no me duele nada, me gustan estas paredes de piedra, aquí llueve poco, te gustaría la biblioteca, Yolanda.
Olvídate de la túnica, llevamos toda la vida disfrazados. No me abren las cartas, puedes escribirme,si quieres.
